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Foto de : La Presse

Un llamamiento a los poderosos que tienen el poder de iniciar guerras para que depongan las armas y opten por la paz, la exhortación a no permanecer indiferentes ante el mal y la violencia y el anuncio de una vigilia de oración por la paz que se celebrará el sábado 11 de abril. El Papa León XIV apareció desde la logia central de la Basílica de San Pedro en el Vaticano para el mensaje pascual y la bendición “Urbi et Orbi”.

En el mensaje, pronunciado en presencia de unos 50.000 fieles, el Pontífice nos insta a realizar un cambio necesario en un mundo ensangrentado por la guerra. “¡A la luz de la Pascua, dejémonos sorprender por Cristo! ¡Dejémonos transformar en nuestro corazón por su inmenso amor por nosotros! ¡Quien tiene armas en sus manos, debe deponerlas! ¡Quien tiene el poder de iniciar guerras, elige la paz! ¡No una paz que se busca por la fuerza, sino por el diálogo! ¡No con el deseo de dominar al otro, sino de encontrarlo!”, declaró Prévost, quien, recordando también las palabras del Papa Francisco en su último mensaje “Urbi et Orbi” de un año. Hace años, vuelve a un concepto denunciado por su predecesor: la “globalización de la indiferencia”. Una tendencia que, recordó el Papa, no puede ni debe prevalecer: “Todos tenemos miedo a la muerte y por miedo miramos hacia otro lado, preferimos no mirar. ¡No podemos seguir siendo indiferentes! ¡Y no podemos resignarnos al mal!”. “Nos acostumbramos a la violencia, nos resignamos a ella y nos volvemos indiferentes – subrayó el Papa – Indiferentes a la muerte de miles de personas. Indiferentes a las consecuencias de odio y división que siembran los conflictos. Indiferentes a las consecuencias económicas y sociales que producen y que todos sentimos”.

Llamados que se tradujeron en acciones concretas: “¡Escuchemos el grito de paz que brota del corazón! Por eso invito a todos a unirse conmigo en la vigilia de oración por la paz que celebraremos aquí, en la Plaza de San Pedro, el próximo sábado 11 de abril”. El Domingo de Pascua, el Papa León sigue tejiendo la red de la paz porque, como subrayó la homilía de la misa presidida en la plaza de San Pedro, la muerte, aunque siempre “oculta”, no es “el destino último de nuestra vida”.

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