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Antonino Lodi, profesor de filosofía e historia en el liceo clásico Berchet do Milano (en la foto), se describe “desconcertado”. Fue objeto de un procedimiento disciplinario por enviar dos correos electrónicos a profesores y alumnos de la histórica escuela milanesa. Sin ofender ni siquiera tomar una posición. Sólo una invitación a la reflexión crítica sobre la ocupación de ProPal que bloqueó la escuela los días 9 y 10 de octubre. La directora, Clara Atorino, lo critica por haber “enviado comunicaciones cuyo origen no puede atribuirse a fines educativos”. Y aquí es donde surge la “perplejidad” del profesor. El comienzo de su correo electrónico tenía este tono: “Queridos estudiantes de Berchet, me dirijo a aquellos que tuvieron la idea de organizar la ocupación: habéis escrito una mala página para nuestro instituto. Alaba con tono firme pero civilizado que una ocupación no puede sustituir a una asamblea, que la democracia “es un procedimiento” y que “las decisiones que conciernen a toda una comunidad se toman sobre la base de votaciones libres y transparentes”. Critica una iniciativa “unilateral”, cuando podría haber sido “una discusión sobre el conflicto palestino-israelí, que daría voz a las diferentes posiciones, apoyados por invitados competentes y equilibrados. Sin un debate serio, esto significa dogmatismo y propaganda. Todo lo contrario de lo que debería ocurrir en una escuela” (que escribe con mayúscula). En esencia, independientemente de lo que piensen los demás, hizo su trabajo como docente. “Es difícil afirmar que los correos electrónicos no son inherentes a la actividad educativa – escribe – tratan el tema de la violencia, la adecuación de los medios a los fines, los procedimientos de la democracia, el valor del pluralismo de las fuentes y de la información, objeto de reflexión en el contexto del diálogo educativo”. Por lo tanto, es necesario tener una concepción muy estrecha de los fines educativos para no No pude ver ningún rastro de ellos en mis correos electrónicos, pero el director no lo vio así y cuestionó el uso “no autorizado” del correo institucional para enviar mensajes “ajenos a actividades educativas”. “Me cuesta entender cuál podría ser el interés de la prensa en esta historia”, comentó cuando se le preguntó. “No era el canal, los niños se reúnen, no se envía una comunicación el domingo por la mañana sin tener una conversación con los niños. El correo electrónico institucional se utiliza para comunicaciones relacionadas con proyectos e información sobre servicios.” “Conducta contraria a la normativa” para Clara Atorino que, después de citar al profesor en los días inmediatamente posteriores al envío de los correos electrónicos, inició el procedimiento disciplinario. “Además, sin avisarme”, especifica el profesor que pensó que el asunto estaba cerrado con la citación. Sobre todo porque, como señala el propio Lodi, un colega había utilizado el mismo correo para anunciar eventos en centros sociales, sin sufrir ninguna sanción.

La historia adquiere entonces ese sabor amargo que se desprende de las palabras de Lodi: “si criticas las ocupaciones de Pro Pal, te castigaré, si por el contrario utilizas el correo institucional para informar sobre las reuniones de los centros sociales, todo está bien”. La audiencia del profesor está prevista para el 21 de noviembre. Podrá traer abogados, sindicalistas y escritos de defensa. Pero la pregunta es otra: ¿podemos castigar a un docente por hablar de libertad de juicio?

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