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Primera pista: durante el debut del Milan contra el Cremonese en San Siro, estuvo ausente justificadamente (todavía estaba inscrito en el Marsella); segunda pista: ausencia por sanción (dos tarjetas amarillas recogidas en el mismo partido, Pisa, al final del partido) contra el Parma en San Siro, segunda derrota sufrida en casa; Tercera pista: ausente por descalificación en Roma ante la Lazio en el campeonato. Si los tres índices tradicionales dan la prueba, aquí está la prueba reina de la irremplazabilidad de Rabiot, acentuada entre otras cosas por una mini serie de empates (en el momento de la lesión sufrida en la selección nacional) obtenidos entretanto. Con una única excepción: la derrota, de nuevo ante la Lazio, esta vez en Copa de Italia (Modric se salvó y sólo entró en los minutos finales) con el francés en el campo. Al regresar del viaje al Olímpico con las manos vacías, desaprovechada la gran oportunidad de presionar al Inter, el Milan descubrió su as bajo la manga. Es precisamente Rabiot quien es capaz de ofrecer a su compañero Modric la asistencia necesaria y a todo el grupo la personalidad a la que recurrir en momentos difíciles. “Cuando estés estresado, mírame y dame el balón aunque esté marcado”, decía Andrea Pirlo en los viejos tiempos. Rabiot, en un lenguaje más directo, es capaz de transmitir el mismo mensaje a sus seguidores.

La media de puntos con Rabiot y sin Rabiot marca una diferencia de casi un punto por partido (0,80 para ser precisos según los cálculos actualizados) confirmando su papel no sólo físico y técnico sino sobre todo psicológico. Sin entrar en el mérito de su actuación: 4 goles, todos exportados (1 en Turín, 2 en Como, 1 en Bolonia) y una buena serie de asistencias más un poste mellado representan una pérdida de balón positiva. Es uno de los pocos centrocampistas de Milanello que busca la solución fuera del área: en Turín marcó así, en Como marcó así (3-1). Le falta el sello de San Siro, que podrá buscar el sábado por la noche ante el Torino, que ahora sueña con una gran hazaña a domicilio con la llegada de D’Aversa y algunos éxitos reconfortantes.

Debe ser también por eso que Allegri, pensando en el próximo torneo y en la Champions que conquistar, tiene en mente reforzar la figura técnica colectiva sumando al menos dos Rabiot más al actual Milan.

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