Los eurodiputados y los Estados miembros firmaron la noche del miércoles al jueves un acuerdo para el desarrollo de plantas derivadas de nuevas técnicas genómicas (NGT) en la agricultura de la UE. Descritos por sus detractores como “nuevos OGM”, estos NGT permiten modificar el genoma de una planta sin introducir ADN extraño, a diferencia de los OGM de primera generación.
Las semillas obtenidas de NGT son, por tanto, organismos genéticamente modificados pero no “transgénicos”. Los grandes sindicatos agrícolas apoyan estas técnicas para desarrollar variedades más resistentes a los riesgos climáticos y que requieran menos fertilizantes. La eurodiputada sueca Jessica Polfjärd (PPE, derecha), ponente de este texto, celebró un “gran paso adelante”.
“Esta tecnología nos permitirá cultivar plantas resistentes al cambio climático y lograr mayores rendimientos en áreas más pequeñas”, aseguró. El centrista francés Pascal Canfin también celebró “una excelente noticia”, con “más soluciones para luchar contra la escasez de agua, la sequía y el aumento de las temperaturas”.
El compromiso flexibiliza las normas actuales para algunas de las denominadas NGT de categoría 1 que, sujetas a un número limitado de mutaciones, se considerarán equivalentes a las variedades convencionales. En nombre de la sostenibilidad, no se permitirá la comercialización de NGT resistentes a herbicidas o que produzcan insecticidas. Y no se permitirá NGT en la agricultura orgánica.
El debate se ha vuelto tenso en Europa
El debate sobre estas biotecnologías es tenso en Europa, donde esta edición genómica se clasifica ahora en la categoría de OGM, cuyo cultivo está prohibido, a excepción del maíz Monsanto 810, cultivado en pequeñas zonas de España y Portugal. La simplificación de las normas fue solicitada por la poderosa organización agrícola Copa-Cogeca, así como por las grandes empresas de semillas, en nombre de la competitividad europea frente a Estados Unidos y China, que autorizan las NGT.
Las organizaciones ecologistas y el sector de la agricultura ecológica denuncian en cambio una pendiente peligrosa que podría suponer “graves riesgos para nuestra agricultura y nuestra alimentación”, afirma la ONG Pollinis. Una de sus responsables, Charlotte Labauge, destaca en particular la ausencia de etiquetado en los productos finales, “un grave ataque a los derechos fundamentales de los consumidores”, en su opinión.
Según el acuerdo, la presencia de NGT de categoría 1 debe aparecer en las bolsas de semillas compradas por los agricultores, pero no en la etiqueta del producto final. El debate continúa desde hace varios meses en la Unión Europea sobre la cuestión de la trazabilidad y las patentes de las que podrían beneficiarse estos NGT. Los Estados temían que estas patentes desestabilizaran el sector agrícola.
Las ONG también advierten contra la concentración de costosas patentes en manos de multinacionales, en detrimento de los pequeños agricultores. En el Parlamento, el socialista francés Christophe Clergeau criticó el compromiso alcanzado de la noche a la mañana. “Estamos jugando al aprendiz de brujo, estamos quitando la libertad de elección de los consumidores” y “estamos arrojando a los agricultores en brazos de los grandes grupos internacionales”, afirmó.
Este acuerdo ahora debe ser aprobado por última vez por los Estados miembros y el Parlamento Europeo para que entre en vigor. Este compromiso contó con el firme apoyo de Dinamarca, que ocupa la presidencia rotatoria de la Unión Europea hasta finales de diciembre.