Le zumbaban los oídos. Los de Laurence des Cars, el presidente del Louvre. La de su predecesor, Jean-Luc Martínez. Incluso los de sus respectivos entornos más cercanos, entre ellos el administrador general y su adjunto, números 2 y 3 del Louvre, desconocen los controles pasados que deberían haber dominado a la perfección.
También los oídos del Ministerio de Cultura que, según el informe, en los últimos años no ha ejercido su función de supervisión del museo. Existen todas las herramientas para evitar robos, explica Noël Corbin, jefe de la inspección general de asuntos culturales. Pero todas estas herramientas, estas auditorías, expedientes, documentos de alerta, siguen siendo “objetos muertos”.
La ironía subyacente, en esta presentación de las conclusiones administrativas, es que Noël Corbin, el jefe de la inspección, fue director financiero y jurídico del Louvre entre 2011 y 2013. Un puesto en el que sabemos todo sobre el funcionamiento administrativo del museo y sus misterios secretos.
Auditorías bastante recientes, que se remontan a 2017 y 2019.
Tras la presentación de Laurent Lafon, presidente de la Comisión de Cultura del Senado, que anuncia un informe de “gran severidad, implacable”, Noël Corbin inicia una demostración cruel y objetiva sobre el funcionamiento, o más bien la disfunción, del museo. Destacando “su fracaso general así como su supervisión”.
Este robo “no se debe a la mala suerte”, afirma, destacando “una profunda deriva doctrinal” por parte de la dirección del mayor museo del mundo. El equipo dirigido por Laurence des Cars no “priorizó” las cuestiones de seguridad. La palabra está dicha.
Y como prueba, el presidente de la Comisión del Senado se sorprende: mientras decimos que estamos muy preocupados por el plan general de seguridad, ¿cómo no haber recordado archivos de auditoría bastante recientes, que datan de 2017 y 2019, y que habían modelado la posibilidad de un robo? Fue uno de los grandes mecenas del Louvre, la joyería Van Cleef & Arpels, quien alertó hace 6 años de la fragilidad de la Galería Apollo. Ni Laurence des Cars ni sus dos directores estaban al tanto de esta relación. El cual, sin embargo, fue rápidamente exhumado de los archivos al día siguiente del robo.
“El museo no tuvo en cuenta las conclusiones retrospectivamente condenatorias de los informes”, observa Noël Corbin. Este último no afrontó las duras condiciones del traspaso de poder, en 2021, entre Jean-Luc Martinez y Laurence des Cars. El primero, nombrado en 2013, soñaba con un tercer mandato que no le fue concedido.
La segunda, que no esperaba un nombramiento tan rápido, ignoró en cambio el historial de su predecesor en sus primeras declaraciones. Un desconocimiento mutuo y de sus equipos muy unidos y totalmente renovados, que ha llevado a esta “pérdida de memoria” del organismo vivo del Louvre, lamenta el jefe del control.
Se aplicaron las instrucciones, pero una PC de seguridad “poco potente”.
También nos enoja la idea de que el éxito del robo pendía de un hilo: “En 30 segundos, los agentes de Securitas (la empresa de seguridad privada, ndr.) o la policía habrían podido impedir que los ladrones escaparan”, declaró Noël Corbin. Los agentes del Louvre aplicaron bien las instrucciones durante el robo, pero el ordenador de seguridad tenía “poca potencia”: no había suficientes pantallas para mostrar las diferentes tomas de la cámara con la suficiente rapidez.
Esta deficiencia se informó además en un documento de agosto de 2025, dos meses antes del vuelo. Se perdieron preciosos segundos en identificar el origen de los ladrones, que los agentes no tuvieron tiempo de ver. La policía no fue debidamente dirigida y no llegó al famoso Quai de la Seine por la ruta más corta. Tuvieron que regresar. Segundos decisivos.
Desde 2003, la puerta francesa de la Galería Apolo utilizada por los ladrones no estaba bien protegida. La resistencia del vidrio era “extremadamente débil”, informó el director de inspección. Sin embargo, el cristal que protege las joyas, instalado durante la renovación de 2019 y más grueso que el recomendado por la auditoría, resistió durante tres minutos a las trituradoras portátiles, pero este tipo de máquinas no habían sido consideradas por los dispositivos de seguridad.
“Se ha subestimado el riesgo de intrusiones y robos”
“El escenario del 19 de octubre no fue considerado. El riesgo de intrusiones y robos fue subestimado”, afirma el responsable de esta investigación realizada por siete inspectores, que entrevistaron a 70 personas, empleados del Louvre desde abajo hasta lo más alto de la escalera, en dos semanas. El informe también cuestiona el larguísimo tiempo transcurrido entre el inicio del diseño de un nuevo plan general de seguridad, en 2017, y su implementación concreta prevista sólo para 2026.
El inspector jefe dio una rara satisfacción a la dirección del Louvre, incluso a la dirección anterior, subrayando que era “falso” afirmar, como escribió la prensa, que el antiguo sistema de protección de las joyas de la Corona resultó ser más seguro.
El antiquísimo mecanismo tenía fallos irreparables que incluso habían provocado un accidente, y las ventanillas ya no estaban a la altura. “Lo que ha faltado no es seguridad interna, sino vigilancia externa”, concluye el informe. Y en particular la consideración de esta frágil ventana francesa como si se tratara de una casa de campo que no estaba bien mantenida y, por tanto, era fácil de romper. El diablo está en los detalles. Y a veces de una forma tan clara que no resulta evidente para nadie, empezando por quienes dirigen el lugar.