El ejército ruso ha encontrado un nuevo truco para evadir los ataques de drones ucranianos a sus equipos: construir árboles falsos para ocultar antenas de comunicaciones. Según funcionarios y observadores ucranianos citados por el sitio web ucraniano de habla inglesa Euromaidan Press, estas estructuras camufladas están apareciendo ahora a lo largo de las líneas del frente. Entonces, ¿ingenio tecnológico, último intento o ambas cosas?
Serhii Beskrestnov, asesor del Ministerio de Defensa de Ucrania, explica que uno de los mayores desafíos en el frente es identificar y destruir los sistemas rusos de guerra electrónica, los medios de interceptación de comunicaciones y los puestos de control de drones rusos. Todos tienen un punto débil en común: las antenas, esos crecimientos metálicos que delatan la presencia de un dispositivo, incluso si está bien enterrado o desaparecido.
“Árboles de plástico falsos”
Para solucionar este problema, Moscú recurre ahora al trampantojo. Así lo informó el medio especializado Militarnyi.Las tropas rusas están construyendo árboles artificiales diseñados para mezclarse con el paisaje y al mismo tiempo albergar equipos de comunicaciones. La idea es simple: si la antena se convierte en un mueble, tiene más posibilidades de escapar de la mirada experta de los operadores de drones ucranianos.
Rusia está construyendo árboles falsos con espuma, malla plástica y pintura para ocultar antenas de comunicaciones que los drones ucranianos siguen detectando y destruyendo.
Todos los sistemas rusos de guerra electrónica, inteligencia de señales y control de drones comparten una vulnerabilidad clave: antenas que son… pic.twitter.com/oIe4Wo8KHR
— Prensa Euromaidan (@EuromaidanPress) 3 de marzo de 2026
En concreto, estos árboles artificiales están formados por un marco enrejado de plástico, modelado para diseñar un tronco y una copa. Luego, este marco se cubre con la espuma expandida utilizada en el edificio, para proporcionar volumen y rigidez, y luego se pinta en tonos que reflejan la vegetación y el terreno circundante. El conjunto, visto desde el cielo, debería evocar un árbol corriente más que un centro neurálgico de comunicación.
Luego se instala una antena dentro de la estructura. A baja resolución, o en un entorno saturado de detalles, el objeto puede pasar desapercibido entre árboles o matorrales reales, especialmente si los operadores adversarios escanean rápidamente áreas grandes.
Este uso de árboles de cartón ilustra cómo la guerra en Ucrania se ha convertido en un laboratorio de adaptación tecnológica permanente. Por un lado, los drones –comerciales o militares modificados– rastrean centros de mando, sistemas de interferencia y nodos de comunicación. Por otro lado multiplicamos los cebos, las interferencias, las construcciones simuladas y los trucos de camuflaje.
Aparentemente banal, este bricolaje puede recordar a las redes o jaulas anti-drones, alguna vez ridiculizadas al comienzo del conflicto, pero que todavía se utilizan hoy en día, a falta de algo mejor. Sólo el tiempo dirá si estos bosques de antenas cumplen su función o están destinados a desaparecer.