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Los inicios recuerdan a los de muchas pequeñas y medianas empresas italianas, que con el tiempo crecieron y se convirtieron en excelencias en sus sectores, capaces de realizar proyectos de renombre mundial.

La historia de Sandrini Metalli comienza en 1950, con dos hermanos muy jóvenes, Nazareno y Vittorio, que abrieron un pequeño taller de reparación en Piamborno, en la provincia de Brescia, y lo transformaron en los años 70 en una pequeña empresa artesanal especializada en el trabajo del hierro. El punto de inflexión se produjo con la segunda generación, cuando la hija de Vittorio, Lorenza Sandrini, y su marido, Pierfranco Damioli, se incorporaron a la empresa y trasladaron la sede a la ubicación actual en Costa Volpino, en la región de Bérgamo.

El punto de inflexión industrial

Pero fue sobre todo con la entrada de la tercera generación, en los años 1990, cuando se intensificaron las inversiones para transformar a Sandrini Metalli en una verdadera realidad industrial que, en medio de diversas vicisitudes (incluida la muerte prematura de Alberto Damioli en 2009) es hoy una realidad consolidada en el sector de tejados y revestimientos de fachadas, con 141 millones de euros de facturación en 2025 (un aumento del 6,8%) y 169 empleados, un tercio de que sean menores de 30 años. La tasa de retención es muy alta (90%), una cifra nada obvia para una empresa de Valcamonica.

Además, la compañía ha aumentado su plantilla un 33% en los últimos dos años, contratando 27 personas en 2024 y 36 en 2025, para apoyar el desarrollo imaginado por los propietarios. “Hemos hecho y seguimos haciendo importantes inversiones, más del 10% de la facturación, en máquinas y sistemas, pero también en términos de organización y digitalización, además del desarrollo de capacidades internas – explica el director general Nazzareno Damioli -. El objetivo es ser un socio cada vez más fiable también en grandes proyectos, en particular en obras públicas e infraestructuras”.

Tecnologías y servicios de valor añadido

De hecho, Sandrini Metalli se ha especializado sobre todo en el suministro de elementos para la envolvente de los edificios, pero en los últimos años “hemos añadido recursos e invertido en sistemas tecnológicos más innovadores para diseñar y cubrir cubiertas arquitectónicas con valor añadido”, explica Damioli. Quizás el resultado más sorprendente, tanto desde el punto de vista técnico como mediático, sea la cobertura de la Arena Santa Giulia de Milán, inaugurada para los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026.

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