Sherry es un animal fantástico, aunque identificar dónde encontrarlo (parafraseando la película del mismo nombre) no es nada fácil. Sí, porque los vinos generosos de Jerez de la Frontera (sherry es una versión inglesa de Jerez, no tiene nada que ver con cherry), en los tiempos modernos abundaban en las mesas de media Europa mientras que hoy están reducidos a un nicho de mercado. Lástima, porque el espectro de sugerencias gustativas de estos vinos envejecidos naturalmente en barricas llenas de levadura es extraordinario.
Además de las marcas más difundidas y conocidas, los distribuidores han descubierto recientemente pequeños productores capaces de elaborar artesanalmente un jerez único, iridiscente y con mucho carácter. Entre ellos, Santa Petronila (importada a Italia por Cuzziol) destaca tanto por sus microdimensiones como por sus particularidades. Se trata de un pequeño comercio, “la tienda más pequeña de Jerez”, inaugurado en 2006 en Macharnudo, en el interior, donde el suelo calizo retiene la humedad. En las 17 hectáreas se cultivan tres vides, desde palomino hasta moscatel y el más dulce Pedro Ximénez.
Tres expresiones llegan a nuestro mercado: PX, Oloroso y Fino Flor de Macharnudo en Rama, un vino sin filtrar con maravillosos sabores a almendras, vibrante energía ácida y un encantador dulzor de cera de abejas. Un espléndido acompañamiento para los quesos, pero si se come fresco también es un aperitivo excéntrico y agradable.
Jerez Santa Petronila Fino en rama, 15,5%, 35 euros