La sustitución de Roberto Cingolani por Lorenzo Mariani al frente de Leonardo (Francesco Macrì pasará a ser presidente en lugar de Stefano Pontecorvo) ha suscitado controversias y reconstrucciones a menudo imaginativas, pero la línea del gobierno sigue siendo clara: ni confrontación, ni división política, sólo una elección industrial dictada por el nuevo contexto internacional. Así lo dejó claro ayer el subsecretario de la Presidencia del Consejo, Giovanbattista Fazzolari, que quiso devolver el debate a vías realistas. “He leído reconstrucciones imaginativas de la elección del gobierno en relación con el liderazgo de Leonardo”, subrayó, destacando que Cingolani “ha trabajado muy bien durante estos tres años y goza de la plena confianza del gobierno y, hasta donde puedo contar, de mi confianza personal”.
Por tanto, no se trata de cuestionar el trabajo realizado por el ex director general, sino de interpretar correctamente una nueva etapa para la industria de defensa italiana y europea. “Ha logrado plenamente los resultados que Giorgia Meloni y el gobierno
le habían preguntado y marcaría un punto de inflexión en cuanto a visión e innovación en la empresa. Y estamos muy satisfechos con ello”, explicó Fazzolari, reconociendo la contribución de Cingolani a reforzar el perfil tecnológico y estratégico del grupo. Una valoración que inmediatamente desmonta la historia de un enfrentamiento político y devuelve el sentido a una decisión tomada en un marco industrial, incluso en un contexto donde los mercados reaccionaron con cautela. En abril, Leonardo perdió alrededor de un 10% en Bolsa y el viernes pasado cerró a 56,32 euros, un signo de incertidumbre ligado sobre todo al hecho de que los analistas e inversores habían encariñarse un poco con Cingolani, quien, sin embargo, logró excelentes resultados financieros.
El traspaso a Lorenzo Mariani, sin embargo, se inscribe en una fase histórica marcada por una aceleración sin precedentes en el frente defensivo. La guerra en Ucrania, las tensiones en Oriente Medio, la carrera armamentista en Europa y la creciente centralidad de los sistemas de misiles y plataformas integradas han cambiado el perfil de las grandes empresas del sector. Es en este contexto que el Palazzo Chigi consideró necesario un cambio de ritmo, como subraya el propio Fazzolari al declarar que “la elección del nuevo director general es exclusivamente de carácter industrial, dictada por el nuevo contexto geopolítico”.
y por las nuevas prioridades de la industria de defensa a nivel europeo.
Por tanto, no se trata de un fracaso, sino de un cambio vinculado a diferentes necesidades operativas. El subsecretario lo explicó con una metáfora futbolística: “En una fase de aceleración en términos de producción, un perfil como el de Lorenzo Mariani, que tiene una experiencia muy larga en este sector industrial específico, parece más adecuado”, observó, añadiendo que “si se quiere arriesgar un paralelo deportivo, el plan de juego que se quiere adoptar ha cambiado, y otro entrenador parece más adecuado, aunque el actual lo haya hecho muy bien y hay que agradecerle los resultados obtenidos”.
Leonardo debe reforzar su presencia en los sistemas avanzados de defensa, en la cooperación industrial europea y en la producción de armas de alta tecnología, un área en la que Mariani representa la continuidad operativa y
una especialización consolidada. Su larga experiencia dentro del consorcio europeo de misiles y en la dinámica de cooperación internacional le convierten en una figura coherente con la nueva etapa que debe afrontar la compañía.