Se trata de una forma enorme, acechando en las aguas heladas de Øygarden, que acabó revelando sus secretos. Todo empezó con un sencillo estudio con sonar cerca de Bergen: bajo la superficie, una forma geométrica de más de 25 metros de largo intrigó a los investigadores. Para llegar al fondo del asunto tuvimos que romper literalmente el hielo. A mediados de enero, los buzos se sumergieron bajo una capa de hielo para documentar lo que los expertos ya consideran un descubrimiento importante para la arqueología subacuática.
La observación es clara: no hay nada natural en esta estructura. Fue construido por el hombre, probablemente arrojando bloques de piedra desde barcos para formar una barrera en el fondo del mar. “El sitio arqueológico submarino recién descubierto es muy inusual”dijo con entusiasmo el arqueólogo marino Elling Utvik Wammer al medio científico Forskning. Este “muro” no estaba allí para defender una costa, sino para atrapar a los gigantes del mar.
El funcionamiento de esta estructura se asemeja al de las presas pesqueras utilizadas en los ríos, pero a una escala mucho más espectacular. Según los expertos de IRMAS (cooperación arqueológica interregional), estos dispositivos habrían servido para empujar a las ballenas hacia una bahía cerrada: una entrada estaba bloqueada por una barrera cargada de piedras y la otra por una red. Una vez que los animales fueron obligados a entrar en este estrecho corredor, la retirada se volvió imposible y las ballenas atrapadas se convirtieron en un recurso vital para las comunidades locales.
Este descubrimiento, del que informa en particular The Debrief, se hace eco de historias escandinavas que se remontan a más de 1.100 años. Textos como la Ley Gating ya mencionan estas técnicas de caza, pero la evidencia física sigue siendo escasa, a menudo borrada por la erosión o el aumento del nivel del mar. En Grindasundet, sin embargo, esta “trampa para ballenas” parece haber sobrevivido a los siglos, en parte preservada por las frías aguas de la costa noruega.
Un legado grabado en piedra
Más allá de las capacidades técnicas, está resurgiendo toda una parte de la economía costera medieval. En aquella época, una sola ballena representaba una verdadera fortuna: carne abundante para el invierno, grasa transformada en aceite para iluminación y calefacción, huesos utilizados en artesanía o construcción. En los terrenos cercanos también se encontraron fosas para el procesamiento de grasas, lo que confirma que se trataba de una actividad organizada, casi protoindustrial, a escala medieval.
“Durante muchas generaciones, la gente siguió atrapando ballenas en la bahía”explica Elling Utvik Wammer, recordando que esta práctica continuó hasta hace relativamente poco tiempo. Por lo tanto, la trampa de Grindasundet no es una huella aislada, sino la huella de la explotación intensiva –si no “sostenible” en el sentido moderno– de los recursos marinos por parte de las poblaciones locales durante varios siglos.
Hoy, gracias a las modernas tecnologías, el equipo de investigadores ha conseguido modelar el lugar en 3D a partir de miles de fotografías tomadas bajo el agua. Estas imágenes revelan que cada alineación, cada montón de piedras, forma parte de una arquitectura coherente, diseñada para canalizar animales que pesan varias toneladas. Un salto al pasado que permite comprender mejor cómo los navegantes del pasado ordenaban su entorno, sin las sofisticadas herramientas actuales pero con un ingenio impresionante.
Los arqueólogos están planeando nuevas campañas de campo a partir de este verano para explorar los alrededores. Si aquí existe una trampa de esta magnitud, es probable que otras instalaciones similares todavía permanezcan inactivas bajo las aguas de la costa noruega.