Shahed en persa significa “testigo”. Pero en el lenguaje religioso chiíta, es una palabra asociada con el martirio. Un Shahed es un mártir. Un terrorista suicida. Por eso los drones iraníes se llaman así. Porque son aviones kamikaze: se lanzan hacia un objetivo y explotan al impactar. En los últimos años, se han convertido en una de las herramientas militares más efectivas desarrolladas por Irán.
Y hoy, en esta nueva guerra, son los protagonistas absolutos de la contraofensiva de Teherán.
El modelo más común es el Shahed-136. Mide aproximadamente 3,5 metros de largo, tiene una envergadura de poco más de 2 metros y pesa menos de 200 kilos, el equivalente a una motocicleta de tamaño mediano. La particularidad reside en la ojiva, que generalmente contiene entre 40 y 50 kilos de explosivos. Un Shahed-136, una vez que se establecen las coordenadas GPS antes del despegue, puede alcanzar objetivos a una distancia de hasta 2.000 kilómetros. Y a menudo les llega sin interferencias.
Vuela a velocidades bastante lentas en comparación con un misil. Se mueve lentamente, a menudo a baja altura, utilizando un pequeño motor de hélice. Su sonido es característico de los drones (la palabra drone en inglés significa zumbido). Sí, un zumbido continuo, que en Ucrania llevó a muchos soldados a referirse a él como “scooter volador”.
Pero el punto decisivo es el coste. Porque los Shahed cuestan tanto como un coche pequeño.