Jules Pertet tenía 21 años cuando salió a trabajar el 26 de julio de 2023, al amanecer. Al salir de casa, su madre, Sylvie, le dijo “ten cuidado”. Unas horas más tarde recibió una llamada de la policía. Su hijo murió en el trabajo. Durante seis meses trabajó como técnico de mantenimiento en la fábrica Paprec de Nimes. Ese día, estaba limpiando la máquina aspiradora de bolsas cuando de repente se reinició, reiniciada por otro empleado. Lo succionan y le cortan el cráneo. El accidente fue tan grave que la familia nunca verá el cuerpo.
Jules Pertet murió en el trabajo, pero su empleador niega cualquier tipo de responsabilidad. Una línea de defensa muy común en casos de accidentes laborales graves y mortales. Paprec Méditerranée, filial del gigante francés del reciclaje con 17.000 empleados repartidos en diez países, fue juzgada el jueves 12 de febrero en el tribunal penal de Nimes por “homicidio”. El director de la planta, David Dumaine, y el capataz que puso en marcha la máquina también fueron procesados individualmente. Se les acusa de una serie de violaciones de seguridad.
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