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Primero fue el boca a boca, los anuncios colocados en los mostradores de las pastelerías locales. Luego vinieron los sitios de cuidado de niños, que ofrecen cada vez más candidatos a los padres que buscan ese raro regalo para salvar su noche de sábado. Sobre el papel, convertirse en niñera –a tiempo completo o por unas horas– nunca había parecido tan sencillo. Bastan unos pocos clics para ofrecer su disponibilidad, publicar su anuncio y esperar respuestas. Pero la realidad tiene más matices: París, como algunas grandes ciudades, está abrumada por las solicitudes. “Hoy la competencia es una locura, ¡es como Tinder!”, susurra Bilal, 24 años.

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