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Edoardo Romagnoli
“Un sí te confirma, pero un no te reaviva”. Este es el corazón del discurso de Giorgia Meloni que regresa al Parlamento, por segunda vez en un mes, durante la información sobre la acción del gobierno. El Primer Ministro aclara de entrada que “no hay que reiniciar el gobierno dado que el Gobierno nunca se ha detenido”, no hay fase 2, 3 o 4, pero sobre todo no hay ninguna reorganización a la vista y menos aún una dimisión. No hacen falta nuevas líneas programáticas porque “las nuestras siempre han estado incluidas en el programa de gobierno”. En definitiva, la tormenta ha pasado y quiere dar la idea de quien ha recuperado su puesto de mando: “Ni huyo ni dimito: gobernaré durante 5 años”. Era inevitable reiniciar el referéndum perdido que, a pesar de los esfuerzos preliminares por distinguir el resultado de la actuación del gobierno, causó conmoción entre la mayoría. Para el Primer Ministro, fue “una oportunidad perdida para modernizar Italia”. Delmastro, Bartolozzi y Santanché pagaron las consecuencias. “Seguimos firmemente a favor de las garantías – subraya Meloni – pero hemos vuelto a anteponer el interés de la nación al del partido”. “La esperanza (…) es que el trabajo de esta reforma no sea abandonado (…) tenemos el deber de encontrar soluciones concretas (…) posiblemente en un clima de colaboración”. Y ahí ya podemos ver cuál será la estructura de su discurso, suspendido entre el desafío lanzado a la oposición y la petición de colaboración.

Meloni sabe que unas elecciones anticipadas le habrían convenido, beneficiándose del “efecto sorpresa sobre la división de las fuerzas de la oposición”, pero prevaleció el deseo de alcanzar y superar el segundo gobierno de Berlusconi (1.412 días de funcionamiento). Sólo que todavía falta un año y medio para las próximas elecciones, en un clima geopolítico caracterizado por una fuerte inestabilidad. Sabe que necesita la aportación de todo el equipo y por eso en un pasaje de su discurso agradece “a todos los miembros del Gobierno que han trabajado y están trabajando incansablemente”. Pero al mismo tiempo, también sabe que si persiste el muro contra muro con las minorías, se corre el riesgo de convertirse en un asedio continuo en el que gobernar se volvería muy complicado. De esta convicción surge la invitación a colaborar dirigida a la oposición. “El escenario que enfrentamos ya no permite que nadie diga que todo es culpa de Meloni. Porque el gobierno tiene la responsabilidad y el honor de gobernar, pero la oposición también debe demostrar que es capaz de representar una alternativa gubernamental”, explica a la Cámara. Y añade “Estaré encantado de escuchar las propuestas (…) que la oposición quiera hacer para ayudarnos a afrontar esta difícil situación de la historia”. Pide a la minoría que trabaje junta en la reforma de la justicia, pero sobre todo en la lucha contra la mafia. Sólo que luego “reaccionar (…) a la última palada de barro empujada al ventilador por una oposición desesperada que construye teoremas surrealistas. Sobre mi supuesta proximidad al crimen organizado al criar a un padre, muerto, al que no veo desde que tenía 11 años”, ruge, refiriéndose al romance que nace de la foto, publicada por ciertos medios, que la representa con el arrepentido Gioacchino Amico, ex representante del clan Senese en Lombardía. “Me gustaría pedir a la comisión parlamentaria antimafia que se ocupe de los intentos del crimen organizado de infiltrarse en los partidos políticos, incluido el FdI”, anuncia para despejar el terreno a las acusaciones.

Pide a la oposición que trabaje junta en materia de justicia y mafia, mientras pide a las Regiones que colaboren en materia de salud. Los primeros en responder a este llamado son los interlocutores sociales, tanto es así que la CIOSL publica una nota en la que destaca cómo “en el discurso de hoy el Presidente Meloni (…) define una hoja de ruta que debe construirse con la contribución responsable de los interlocutores sociales”. A continuación, el Primer Ministro resumió los resultados obtenidos durante estos cuatro años e identificó aspectos a mejorar en términos de empleo femenino, pero especialmente en términos de seguridad. “Sé que muchos italianos quizás esperaban más de este gobierno”. Palabras que suenan como un recordatorio para el ministro Piantedosi, que ya está bajo fuego por la historia del amante. Luego se relanza con la propuesta de 10 mil auxiliares de carabineros y policías, pero esta no es la única propuesta. Meloni anuncia “más de 100.000 viviendas en los próximos 10 años”. El “bloqueo naval temporal de nuestras costas” vuelve también para frenar los flujos migratorios. Pero para conseguirlo, y esta es la otra petición de colaboración en esta materia por parte del poder judicial, “todos los poderes del Estado” deben poner “de su parte”. Nada de medidas “grandilocuentes”, porque “con demasiada frecuencia en el pasado (…) los gobiernos han dado lugar, en vísperas de las elecciones, a medidas puramente demagógicas que han devastado las finanzas públicas en un intento desesperado por alcanzar un consenso fácil”. Después de las cuestiones internas, pasamos al complejo escenario geopolítico en el que el elefante en la sala está representado por el presidente estadounidense, Donald Trump. Meloni cita el discurso “obstinadamente unificado” de Schlein, subrayando que si el líder de los demócratas puede “permitirse serlo con respecto a las fuerzas políticas de color del vasto campo, yo podré permitirme serlo con respecto a Europa y Estados Unidos”. El primer ministro reitera que Estados Unidos es y seguirá siendo un aliado, pero que incluso los aliados “deben dejar claro cuando no estamos de acuerdo”. Meloni, por tanto, no vuelve a empezar, sino que continúa desde allí; al menos por ahora.
