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En los años 60, el dúo Stiller & Meara pertenecía a la aristocracia de la comedia estadounidense (aún no la llamábamos cabaret). Jerry Stiller (1927-2015) y Anne Meara (1929-2015) fueron invitados regularmente por Ed Sullivan, que reinaba en las veladas estadounidenses a través de la cadena CBS. Fue en su casa donde, con apenas cuarenta años, crearon el más famoso de sus bocetos, reuniones de TI, en el que una computadora media (en 1969) entre Hershey Horowitz y Mary Elizabeth Doyle.
En la vida real, dos hijos, Amy y Ben, nacieron de esta unión ashkhenazi-irlandesa, esencialmente neoyorquina. Este último se hizo un nombre y se convirtió en un gran comediante por méritos propios. (María a toda costa, Zoolander), un actor sutil (Los Tenenbaum reales, Greenberg) antes de convertirse en productor de series – Separación siendo el último.
Basta ver unos segundos de un sketch de Stiller & Meara –esta mujer alta, radiante y a veces cruel que vuelve loco a este hombrecito en busca de aprobación– para encontrar todo tipo de explicaciones a las neurosis que Ben Stiller manifiesta a través de sus personajes. Con Stiller y Meara, Nada está perdido (nada se pierde), el interesado emprendió una terapia familiar póstuma (Anne Meara murió en 2015, Jerry Stiller en 2020) cuyo punto de partida fue la venta del apartamento familiar en Nueva York.
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