La reacción de los países bálticos no es un enfoque especial, sino un proyecto estratégico para toda Europa. Su estrategia se basa en dos pilares: resiliencia estratégica y credibilidad militar. Un hito fue la separación de las redes eléctricas del Báltico de la zona de frecuencia ruso-bielorrusa y su sincronización con la red de Europa continental en febrero de 2025. Esto es mucho más que una simple política energética; es la reducción consciente del chantaje estratégico. Este enfoque sirve como modelo para proteger toda la infraestructura crítica: desde redes hasta puertos, cables, datos y cadenas de suministro.
Un debate sobre la seguridad europea debe tomar en serio estas dimensiones; de lo contrario, quedará en un teatro. Además, los países bálticos están respaldando su determinación con acciones. En 2026, Estonia invertirá el 5,4%, Lituania el 5,38% y Letonia el 4,91% de su PIB en defensa. Se trata de gastos puramente de defensa. No se trata de una posición militarista, sino de la respuesta sobria y necesaria a la proximidad de un imperio agresivo.
La lógica es simple: la disuasión cuesta, la no disuasión cuesta más.
El apoyo a Ucrania en los Estados bálticos es coherente, integral y se basa en un amplio consenso político. Estonia estima su apoyo total a partir de 2022 en más de 1.100 millones de euros (de los cuales alrededor de 805 millones de euros son militares).
Letonia reportará un total de 1.060 millones de euros hasta finales de 2025 (militares, financieros y humanitarios). Y Lituania, al igual que los otros dos estados, ha reiterado su firme política de asignar al menos el 0,25% del PIB anual para apoyar la seguridad y la defensa de Ucrania. Políticamente, los tres están presionando para que se impongan sanciones duras y un camino creíble hacia la membresía en la UE, porque la capacidad militar ucraniana es sinónimo de seguridad en los países bálticos.
Esta sensación de seguridad está estrechamente relacionada con Alemania y, en particular, con el “giro” alemán. La credibilidad del “punto de inflexión” y, por tanto, la seguridad europea se miden por la responsabilidad de los dirigentes alemanes. Desde el punto de vista del Báltico, la responsabilidad de los dirigentes alemanes significa, sobre todo, un fuerte apoyo a Ucrania para que pueda derrotar a Rusia.
Además: garantizar una financiación de defensa fiable y plurianual, acelerar la producción de municiones a nivel nacional y europeo, garantizar una defensa aérea rápida y demostrar la voluntad política de atenerse a las decisiones tomadas incluso frente a la resistencia.
Del mismo modo, debe haber un entendimiento común de que Rusia debe rendir cuentas por sus crímenes de guerra. Debe haber un juicio internacional ante el Tribunal Europeo de Justicia contra Putin y otros responsables rusos responsables de crímenes como la tortura y el secuestro sistemático de menores.