En el panorama incierto que vive el sistema universitario italiano, hay un hecho que escapa a la tendencia general y requiere una lectura diferente. La Universidad de Nápoles Federico II está creciendo. Un resultado excelente dado que las principales universidades han ido perdiendo miembros en los últimos años, tanto por la disminución de la población como por el coste de la vivienda y la vida, especialmente para los estudiantes fuera del campus. Federico II, por su parte, va a contracorriente, gracias también al espacio libre de impuestos y a otras ventajas para los estudiantes, pero también a una ampliación de la oferta formativa y a un peso global de la comunidad académica..
los datos
Los números hablan con precisión. A pocas semanas del cierre de inscripciones, los matriculados en grados, másteres y ciclo único ascienden a 21.752, frente a los 21.656 del año anterior, con un aumento del 0,44%. El número total de alumnos matriculados se acerca a las 73.000 unidades, repartidas en aproximadamente 180 cursos activos. A ellos se suman 43 estudiantes de doctorado, estudiantes de máster y estudiantes de formación superior, que conforman una estructura amplia y estructurada, capaz de conciliar docencia e investigación.
Los datos adquieren significado cuando se colocan en el contexto nacional. Según datos del Ministerio de Universidad e Investigación publicados en los últimos días, las matriculaciones en 2026 registraron una caída media del 3,3%, al pasar de 338.893 a 327.468 nuevos matriculados. Una contracción que afecta especialmente al primer año y que refleja un doble factor: el descenso demográfico y la dificultad del sistema tradicional para interceptar una demanda de formación cada vez más fragmentada.
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Sin embargo, en este escenario, Federico II se opone a la tendencia. Ya al inicio del semestre de filtro médico, más de 3.800 estudiantes habían elegido la Universidad para tomar clases de forma presencial. Una señal que va más allá de la mera facultad y remite a una capacidad de atractivo más amplia, construida con el tiempo.
Reforzamiento
El crecimiento de Federico II no es episódico. Es el resultado de un conjunto de factores que actúan de manera coordinada. Por un lado, una oferta educativa que se ha ampliado y diversificado, manteniendo el equilibrio entre tradición y nuevos campos disciplinarios. Por otro lado, un fortalecimiento de los servicios a los estudiantes, desde la enseñanza integrada hasta las infraestructuras que incluyen las nuevas sucursales de San Giovanni a Teduccio y Scampia, pasando por las oportunidades de ingreso al mundo laboral. Pero la dimensión internacional también tiene un impacto. La reputación de la Universidad se consolida año tras año gracias a proyectos de investigación competitivos y colaboraciones científicas, elementos que hacen que los graduados sean buscados incluso más allá de las fronteras nacionales. El vínculo con el tejido productivo ayuda entonces a transformar la formación en habilidades utilizables, reduciendo así la distancia entre la universidad y el mercado. “Estamos recogiendo los frutos del compromiso colectivo”, subraya el rector Matteo Lorito. “Docentes, personal técnico-administrativo y estudiantes trabajaron juntos para mantener nuestra misión: formar mentes libres, preparadas, curiosas, competentes, listas para enfrentar los desafíos de un mundo que cambia rápidamente”.
Atractivo
Analizando los datos nacionales, vemos una caída, particularmente en las disciplinas técnico-científicas. La inscripción en campos STEM está disminuyendo, mientras que campos como la economía y el derecho se mantienen estables o aumentan. Una dinámica que corre el riesgo de generar desequilibrios a medio plazo, en un sistema de producción que sigue necesitando competencias científicas y tecnológicas. La capacidad de atraer estudiantes es un indicador estratégico y no es suficiente para mantener la oferta. Debemos interceptar nuevas necesidades, adaptar las carreras, hacer compatible la universidad con tiempos y condiciones de vida cada vez más variables. Federico II parece avanzar en esta dirección, sin renunciar a su identidad. No se trata sólo de crecer en número sino de consolidar un modelo. Si el sistema universitario italiano está luchando por desarrollarse, experiencias como la de Nápoles indican que todavía es posible revertir la tendencia. Necesitamos opciones coherentes, continuidad y una visión que combine formación, investigación y territorio. La trayectoria de la Universidad de Frederick hoy se encuentra exactamente en este espacio. No como una excepción aislada, sino como signo de una posibilidad concreta. Quizás sea también gracias a sus sólidas raíces, 802 años de historia, que la convierten en la universidad pública más antigua del mundo.