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Para la madre de dos hijos, la escena aún es difícil de describir. Según su relato, los hechos ocurrieron poco antes del mediodía. Ese día, como de costumbre, Lía, de la que se sospecha que padece un grave trastorno del espectro autista, tenía que almorzar en el comedor. “El colegio registra a los niños que comen en el lugar y a los que salen. Le había indicado claramente que iría al comedor”, asegura Sara. Contra todos los indicios, a su hija se le habría permitido abandonar el establecimiento.

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