De conversación en conversación: desde que se reanudaron los diálogos, tras un pico de tensión, los representantes estadounidense e iraní se reúnen desde principios de febrero. La cuestión nuclear estuvo en el menú de las últimas discusiones, celebradas bajo mediación de Omán el martes cerca de Ginebra, Suiza. ¿Se ha abordado ya la cuestión de la guerra digital que Estados Unidos libra entre bastidores contra el régimen de los mulás? Se trata de “un secreto a voces”, según la expresión elegida por Karim Émile Bitar, especialista en Oriente Medio y profesor de Sciences-po París.
Lo que es seguro, dadas las revelaciones del Wall Street Journal la semana pasada, es que esta guerra no ha cesado. Según el periódico estadounidense, alrededor de 6.000 terminales Starlink fueron transportados en secreto a Irán, muchos de ellos en enero, cuando una movilización sin precedentes sacudió el país. Ansiosa por ver caer la República Islámica, la administración estadounidense quiso utilizar esta tecnología para hacerse eco de la voz de los oponentes del régimen.
Producidos por la empresa estadounidense SpaceX, propiedad de Elon Musk, los terminales Starlink permiten a sus usuarios liberarse de los cables nacionales y navegar a través de una red de casi 10.000 satélites. Lo suficiente como para sortear los cortes de internet y la censura estatal, mantener la comunicación y difundir al exterior vídeos y testimonios de la sangrienta represión policial. Según la ONG Iran Human Rights, la movilización se detuvo a finales de enero, con un saldo de 3.428 muertos.
Este equipo se habría filtrado a través de las fronteras particularmente porosas de Irak y Turquía. “Starlink llega a Irán como cualquier producto de contrabando. Es casi banal”, considera Karim Pakzad, investigador asociado a Iris, recordando que “la economía iraní se basa ahora casi por completo” en este tipo de clandestinidad.
Digital, un nuevo “campo de batalla”
Ver a la administración estadounidense apoyar movimientos contra un régimen que considera hostil no es nada nuevo. “Durante la Guerra Fría, las grandes potencias como Estados Unidos apoyaron a los disidentes, como en Europa del Este, a través de estaciones de radio clandestinas como Radio Europa Libre, a través de ayuda financiera, a través de grupos políticos”, recuerda Karim Émile Bitar.
Desde entonces, se ha abierto un nuevo “campo de batalla”: la conectividad a Internet. Y en este caso la administración estadounidense “se beneficia de un importante avance tecnológico” contra los mulás. “Lo que Estados Unidos ha logrado con Starlink es pasar por alto al Estado iraní, pasar por alto la infraestructura nacional”, resume el experto. Es probable que esta herramienta permita también a Washington, al igual que Tel Aviv, mantener contacto con sus “agentes durmientes” diseminados por toda la República Islámica, considera Karim Pakzad.
“Diplomacia digital”
El dispositivo de Elon Musk es una de las herramientas de que disponen los estadounidenses para desestabilizar a los mulás, pero no es la única. «Antes de Starlink, existían las VPN, que tenían la función de ocultar la dirección IP y eludir algunos filtros», explica Karim Émile Bitar. Ya era parte de una lógica estadounidense ya teorizada e implementada, la de la libertad en Internet. En ocasiones han subsidiado proveedores de VPN y software anticensura para ayudar a sus oponentes. »
Al mismo tiempo, Estados Unidos financia “algunos medios de comunicación externos que ofrecen información proestadounidense no censurada por las autoridades iraníes, incluidos programas en persa y contenidos accesibles a través de tecnologías de elusión. Somos parte de una especie de diplomacia digital utilizada para llegar directamente al público iraní”.
A mediados de enero, Francia estudió la posibilidad de utilizar equipos del operador europeo de satélites Eutelsat para ayudar a los iraníes a transmitir contenidos en el extranjero. Pero no parece haber dado el paso.
“Moler por moler” para la dieta
El uso de Starlink, como otros medios para eludir la censura, no está exento de riesgos para los iraníes. “Todavía hay trazabilidad de las terminales, hay vigilancia física”, enumera Karim Émile Bitar. Los usuarios de estas tecnologías clandestinas están expuestos a ser perseguidos por “espionaje” y “graves penas de prisión”, advierte Karim Pakzad.
Israel, enemigo histórico de Irán, también intenta influir en la fragilidad del régimen de Teherán a través de nuevas tecnologías. Como recuerda Karim Émile Bitar, el periódico Haaretz reveló que el Estado judío “había iniciado una vasta campaña en las redes sociales para inflar la popularidad del hijo del Sha de Irán, Reza Pahlavi, y proponerlo como alternativa al régimen”.
Por este motivo, los servicios israelíes “crearon miles de cuentas falsas, alimentaron esta propaganda, intentaron lanzar eslóganes en su favor. Y tuvieron cierto éxito, porque este hombre, que era una figura relativamente marginal en Irán, está empezando a tener una cierta base popular que lo percibe como una posible alternativa”, subraya el profesor de Sciences-po París.
En varias ocasiones en el pasado, Teherán ha acusado a Washington y Tel Aviv de apoyar movimientos de oposición al régimen. “Todo esto le hace pensar”, afirma Karim Émile Bitar, y alimenta la idea “de que estamos en presencia de una interferencia extranjera muy clara, de un intento de escalada diplomática a través de la tecnología digital, de una militarización de este espacio digital”. Queda por ver hasta dónde puede llegar.