La crisis del vino no deja indiferentes a los franceses. Así lo demuestra el éxito del modelo de crowdfunding solidario imaginado por Terra Hominis (“tierra de hombres” en latín). Fundada hace unos quince años por un antiguo comerciante de vinos de Rouen, esta empresa con objetivos concretos ofrece a las personas la posibilidad de convertirse en copropietarios de parcelas de viñedos. A cambio reciben un alquiler “en efectivo”, en el sentido literal del término, ya que se trata de botellas de vino. El objetivo: apoyar a los enólogos en el proceso de instalación, desarrollo o reubicación. Aquí la búsqueda de beneficios da paso al deseo de echar una mano a una profesión maltrecha.
Una inversión territorial y humana
En concreto, para cada proyecto seleccionado, la empresa reúne alrededor de un centenar de colaboradores. Cada uno invierte entre 1.300 y 2.500 euros para adquirir acciones de Wine Land Group (GFV), una estructura jurídica cercana al SCI pero dedicada al terruño. Las hectáreas adquiridas de esta forma que sistemáticamente representan una parte minoritaria del viñedo- se alquilan al enólogo. Este último remunera anualmente a sus miembros en botellas, hasta el 4,5% del capital invertido. “Nadie viene a ganar dinero. Es más bien una filosofía preservar un patrimonio centenario y construir relaciones humanas. Nuestro papel es encontrar el socio adecuado para el enólogo adecuado”. afirma Sébastien Guilbaud, director de operaciones.