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En menos de tres meses se producirá una revolución en las pensiones complementarias vinculadas a las indemnizaciones por despido. Hasta ahora, el aporte patronal estaba vinculado al fondo negociado del sector. A partir del 1 de julio de 2026, una vez obtenida la normativa Covip, que aún no se ha puesto en marcha, el trabajador podrá traspasar su posición de complemento de pensión del fondo negociado categórico a otra forma complementaria, incluyendo también el aporte empresarial en el traspaso.

El empleador deberá pagar su parte incluso si el trabajador elige libremente un fondo abierto o un PIP. La innovación introducida con la última ley financiera permite invertir más en fondos bancarios y de seguros, que generalmente son más rentables. Pero también más caro. Tanto es así que los negociadores temen que parte de la aportación empresarial se vea erosionada por el aumento del coste de los fondos gestionados por entidades con ánimo de lucro. Las redes bancarias y de seguros están dispuestas a aprovechar la nueva legislación para atraer a los cuatro millones de miembros de los fondos comerciales, que gestionan 80 mil millones de euros en activos. La contribución del empleador por sí sola representa en promedio el 20% de la contribución global y hasta ahora estaba efectivamente bloqueada durante las negociaciones.

Elegir un fondo de pensiones analizando los rendimientos pasados ​​es un ejercicio útil pero poco confiable: el desempeño no es persistente en el tiempo y aquellos que han tenido un mejor desempeño durante un período de tres años a menudo tienden a tener un peor desempeño en el período siguiente. Mucho más sólida, y con efectos duraderos en el importe final, es la valoración de costes: según COVIP, un punto porcentual menos se traduce, en 35 años, en una pensión un 20% más alta. Cuando se trata de costes, los fondos comerciales son los claros ganadores. Su indicador sintético (ISC) a 10 años promedia el 0,49%, en comparación con el 1,35% de los fondos abiertos y el 2,17% de los PIP. En el sector de bonos, los PIP alcanzan un ISC del 1,94%: con una rentabilidad neta del 3%, al miembro le quedaría poco más de un punto. Las transacciones también muestran mayores retornos netos en los horizontes temporales de 1, 3, 5 y 10 años.

Para ello, antes de transferir

ISF y aportaciones a fondos abiertos, resulta adecuado un análisis de la rentabilidad neta que ofrece el mercado y de la situación prospectiva de la inflación y los tipos de interés. Para evitar sorpresas desagradables cuando ya sea demasiado tarde.

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