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Los interrogatorios de los cuatro policías acusados ​​de complicidad y no asistencia, los resultados de los análisis genéticos de la réplica de la pistola de fogueo encontrada cerca del cuerpo sin vida de Abdherraim Mansouri, el examen de las imágenes de las cámaras, los testimonios recogidos y una serie de investigaciones técnicas. Se ha reforzado el panorama que surge de la investigación de la Fiscalía de Milán, que pretende arrojar luz sobre la muerte del presunto traficante de 28 años, asesinado el 26 de enero durante un control antidrogas en el bosque de Rogoredo, en las afueras de Milán.

Quien disparó fue Carmelo Cinturrino, subjefe del equipo de investigación de la comisaría de Mecenate, actualmente investigado por asesinato. A lo largo del día, en la comisaría, el fiscal Giovanni Tarzia, que coordina con el fiscal Marcello Viola las investigaciones confiadas al Escuadrón Volador, interrogó a los cuatro policías acusados ​​de haber ayudado al colega que disparó “a escapar de las investigaciones”. Interrogados inmediatamente, no habrían dicho la verdad sobre quién, aparte de ellos mismos, se encontraba en el lugar del crimen, sobre sus “movimientos”, sobre la “posición y el comportamiento de los demás sujetos presentes”, ni sobre el “tiempo necesario para alertar a los servicios de emergencia”. Hoy, algunos de ellos han optado por retractarse de sus declaraciones y proponer un nuevo marco, aclarando su posición. De lo ocurrido trajeron una serie de confirmaciones a la hipótesis de homicidio doloso, a dudas sobre el hecho de que Mansouri, presunto traficante y perteneciente a una familia sospechosa de controlar el narcotráfico en Rogoredo, anduviera con una réplica de una Beretta 92 con gorra roja. Y luego reforzaron las sospechas de una vaga gestión por parte de Cinturrino de la actividad que le encomendaba.

En definitiva, de la investigación sobre el subjefe surge un escenario diferente a la versión de los hechos que dio durante el interrogatorio y que sugería una situación de legítima defensa con el tiroteo tras ver al hombre de 28 años empuñando el arma. Un escenario que, sin embargo, sería coherente con lo que el Tribunal ya había indicado hace un año, en los motivos de la sentencia, cuando hablaba de “conductas penalmente relevantes” y de inconsistencias en un informe de detención de un presunto narcotraficante que posteriormente fue absuelto. Además de la nueva reconstrucción aportada por algunos de los agentes citados por el fiscal y que corrobora lo que han alegado los abogados de la familia de la víctima, una supuesta puesta en escena, serán relevantes los resultados del peritaje genético sobre el arma falsa. El lunes pasado, Cinturrino se sometió a una muestra de saliva, ahora la consultora Denise Albani trabaja para identificar si existen o no rastros de ADN y a quién pertenecen.

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