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“Ésta no es la guerra de Europa. Ésta no es la guerra de la OTAN”. El escudo de la UE contra Donald Trump se puede resumir en unas pocas palabras y una postura firme que, con la continuación indefinida de la guerra en Irán, podría tener consecuencias impredecibles. Reunidos alrededor de la mesa en el edificio Europa, los Ministros de Asuntos Exteriores de los 27, con diferentes matices, encontraron una unidad sin precedentes al responder con un frío “no por el momento” a la petición estadounidense de intervención en el Estrecho de Ormuz. “En necesidad, los aliados no están allí, lo he estado diciendo durante años”, respondió Trump. Otro latigazo más, tal vez incluso una advertencia críptica, casi como si predijera que la presión de Washington para una intervención militar europea seguramente aumentará.

En la sede de la comunidad, la jornada estuvo marcada por la emergencia energética y los dardos lanzados por Trump durante la noche europea. El presidente estadounidense había amenazado hace unas horas con “un futuro negativo” para la OTAN, durante la reunión de ministros de los 27 en Bruselas. Por pedazos, desde el alemán Johann Wadephul hasta los países bálticos, desde Antonio Tajani hasta el español José Manuel Albares y la alta representante de la UE Kaja Kallas, todos rechazaron la petición estadounidense. El no de Berlín y Londres, por la claridad del mensaje y la histórica alianza con Estados Unidos, pareció el más sensacional de todos. “La guerra en Irán no tiene nada que ver con la OTAN”, explicó el portavoz del gobierno alemán. Poco después, el canciller Friedrich Merz fue más allá, subrayando que la guerra en Irán “debe terminar” y cuestionando a Trump sobre los “objetivos poco claros” de la misión. “Mientras dure el conflicto, no enviaremos barcos”, coreó Merz.
De hecho, casi toda Europa, incluida Gran Bretaña, estuvo de acuerdo con sus palabras. Trump dijo que le pidió ayuda al primer ministro británico, Keir Starmer, pero que Downing Street la rechazó. Londres, como máximo, enviará drones desminados. Y Trump luchó por contener su ira. “Estoy muy sorprendido por la negativa británica”, subrayó el presidente estadounidense. Tajani, que también se reunió con el secretario general, Mark Rutte, en Bruselas, reiteró también que Italia no irá a la guerra y certificó que la misión Aspides, con el acuerdo de todos, no modificará su mandato ampliándolo a Ormuz.
El carácter excepcional de la guerra de Trump también trae novedades inesperadas en el frente político interno, como coinciden Tajani y el líder de la Liga, Matteo Salvini. “No vamos a hacer la guerra a nadie”, subrayó el viceprimer ministro. Giorgia Meloni expresó ideas muy similares en sus comunicaciones al Parlamento la semana pasada.
El acercamiento al referéndum sobre la justicia y la intersección de la campaña del No con los acontecimientos en Oriente Medio pueden haber contribuido al alineamiento de Italia con una posición europea nada conciliadora con Trump.
Por el momento, en Bruselas circulan principalmente dos hipótesis de intervención. El primero gira en torno a la ONU, el segundo, lanzado por Emmanuel Macron, prevé una posible misión para asegurar el estrecho de Ormuz, pero sólo después del final de la primera fase del conflicto. Por su parte, Trump sigue repartiendo pistas, amenazas, seguridades, sin el necesario orden lógico. Afirmando, por ejemplo, que pensaba “que Francia nos ayudará en el estrecho de Ormuz”, mientras que el Financial Times escribía que París había reiterado su negativa a enviar barcos militares frente a las costas de Irán. Según el Wall Street Journal, a finales de esta semana Washington podría anunciar una posible coalición de aquellos deseosos de defender Ormuz. De momento no hay señales de ello. Y el plan B de una invasión terrestre o una misión anfibia a la isla Kharg presenta múltiples riesgos para la Casa Blanca. “Una intervención terrestre sería totalmente ilegal y para los estadounidenses sería un nuevo Vietnam”, advirtió Teherán.
Sin embargo, las rutas petroleras de la región del Golfo no terminan en Ormuz. El paso de petróleo crudo a través de Irak es una hipótesis que gana terreno a medida que continúa la crisis energética. El jueves, los líderes europeos harán balance de todas estas cuestiones durante una cumbre que promete ser delicada y crucial para la posición de Europa y para el futuro de sus relaciones con los Estados Unidos de Trump.

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