La Casa Blanca acogió hoy la primera reunión Consejo de Pazla organización impulsada por el presidente Donald Trump con el objetivo declarado de coordinar la reconstrucción, la gobernanza y la estabilización de la Franja de Gaza después de meses de guerra y caos humanitario. La iniciativa ahora apunta a construir un marco multilateral alternativo a los mecanismos tradicionales. Naciones Unidaspero esto ya plantea dudas sobre la legitimidad política y el equilibrio entre seguridad y soberanía local.
Trump abrió la reunión convocando al Consejo “el más poderoso y prestigioso jamás creado“, mezclando mensajes de política exterior con referencias a la economía estadounidense y a las relaciones personales con algunos líderes invitados. La escena tomó el tono de una cumbre casi político-electoral, pero las decisiones anunciadas marcan un paso concreto: Washington pretende guiar la fase de posguerra con herramientas financieras y diplomáticas, en lugar de con intervención manual.
La reunión inaugural del Consejo de Administración marca el inicio de un proceso que podría remodelar el equilibrio de todo Oriente Medio: por un lado, un fuerte impulso estadounidense, apoyado por una maxifinanciación y una apertura sin precedentes hacia China y Rusia; por el otro, una coalición aún desigual, con una Europa vacilante y un desafío de seguridad que corre el riesgo de transformar la estabilización en una presencia militar duradera.
Diez mil millones de estadounidenses y un cofre global
El anuncio más relevante radica en que el ESTADOS UNIDOS ellos asignarán 10 mil millones de dolares en el Consejo de Gaza. Trump lo presentó como una inversión política y estratégica, argumentando que la estabilización de la región no puede dejarse en manos de un mosaico de iniciativas humanitarias fragmentadas, sino que debe convertirse en un proyecto estructurado con recursos garantizados y una gestión coordinada.
Al mismo tiempo, el presidente anuncia que varios países ya están reclutando Compromisos totales que superan los 7.000 millones de dólares.elaborando así un primer acuerdo financiero internacional. Los datos, aunque no van acompañados de una lista completa de los contribuyentes, indican la voluntad estadounidense de construir una coalición económica capaz de actuar rápidamente sobre el terreno: infraestructuras civiles, hospitales, redes de agua y energía se indican como prioridades implícitas.
Trump también dijo que no creía que fuera necesario.enviar soldados a luchar en Gaza“, una declaración que pretende tranquilizar a la opinión pública estadounidense y a sus socios occidentales, históricamente cautelosos respecto a las misiones militares directas en Oriente Medio. Los países que actualmente han ofrecido soldados para la fuerza internacional de estabilización son Indonesia, Marruecos, Kazajstán, Kosovo y Albania: así lo anunció el general estadounidense Jasper Jeffers, comandante de la misma fuerza. Su adjunto será un indonesio.
En el Consejo de Paz: la sombra de la diplomacia selectiva
La fotografía política de la reunión inaugural pinta un cuadro compuesto: muchos países asistieron con delegaciones de alto nivel, incluidos gobiernos de Medio Oriente, Asia Central y Europa del Este, así como figuras como el Primer Ministro húngaro. Víctor Orbán y el presidente argentino Javier Milei.
El presidente estadounidense insistió en que “casi todos estuvieron de acuerdo” la invitación y que aquellos que no lo hicieron “acabarán sumándose a ella”, acusando a ciertos Estados de ser “inteligentes”. A nivel europeo, Trump dijo que quería que “todos los europeos” se unieran al Consejo como miembros de pleno derecho, hablando de un “excelente respuesta de EuropaSin embargo, la participación de la UE y de varios Estados europeos sigue siendo cautelosa: muchas presencias son en forma de observadores o representaciones diplomáticas.
La composición del Consejo es, de hecho, una de las cuestiones más delicadas: la presencia de países muy diferentes en términos de orientación política y estratégica crea una coalición amplia pero frágil, potencialmente expuesta a fracturas internas en cuestiones clave como el reconocimiento de las autoridades palestinas, el control de fronteras, la gestión de la ayuda y la relación con Israel.
China y Rusia participan, pero la cuestión de seguridad persiste
Uno de los elementos más sorprendentes anunciados por Trump se refiere a la posibilidad participación de China y Rusia. En un contexto internacional balcanizado como el actual, la apertura a Beijing y Moscú podría indicar un intento de transformar el Consejo en un foro global, reduciendo así la posibilidad de que Gaza se convierta en una nueva zona de guerra indirecta.
La fórmula, sin embargo, sigue siendo ambigua: no está claro si la participación de China y Rusia será en forma de contribución económica, presencia diplomática o papel operativo. Es precisamente esta ambigüedad la que alimenta las dudas sobre la sostenibilidad del proyecto.
Desde el punto de vista operativo, la cuestión más delicada se refiere seguridad. Actualmente se habla de planificar una base militar en el sur de Gaza para unas 5.000 unidades, destinada a servir de plataforma para una futura Fuerza Internacional de Estabilización.
Aquí es donde surgen las críticas más fuertes: una fuerza internacional podría garantizar el orden y el control del territorio en el corto plazo, pero también correría el riesgo de transformarse en un dispositivo de influencia externa, alimentando resentimientos y protestas locales.