original_272564.jpg

Es el clásico ritual matutino. Tu gato exige su croqueta como si llevara tres días sin comer. Obedientemente, te diriges a su plato sólo para darte cuenta… de que todavía quedan algunas croquetas. Esto no impide que tu mascota te mire con flagrante desprecio y se queje. Una vez lleno, el animal come un poco y se marcha, dejando el cuenco lleno. Entonces ¿por qué son tan aburridos?

Durante mucho tiempo echamos la culpa a sus bigotes, cuya excesiva sensibilidad al tocar los bordes del cuenco hacía que nunca terminaran su plato. Otros simplemente señalaron la naturaleza difícil de los gatos. Pero la verdad está en otra parte, más precisamente en las narices de nuestros pequeños depredadores.

Un equipo de investigadores japoneses investigó la cuestión observando de cerca los hábitos de doce gatos en el laboratorio. La idea era sencilla: entender por qué estos gatos dejan de comer cuando aún no tienen el estómago lleno y por qué gritan cuando todavía tienen algo. Los resultados muestran que la saciedad en los gatos no es sólo una cuestión de calorías, sino sobre todo de fatiga sensorial. Cuanto más se expone el gato repetidamente al mismo olor durante una comida, más disminuye drásticamente su deseo de comer.

Según este estudio publicado en la revista Physiology & Behavior, el gato doméstico es víctima de un fenómeno llamado habituación olfativa. En otras palabras, el olor de la comida acaba adormeciendo tus sentidos. “El estudio actual demostró que el cese prematuro de la alimentación en gatos domésticos está estrechamente asociado con factores olfativos más que con la saciedad fisiológica únicamente”.explican los autores en su informe. Es un poco como comer un plato enorme de pasta y los primeros bocados fueron deliciosos, pero al décimo el sabor pareció desvanecerse y el antojo desapareció.

No mejor, pero diferente.

Este mecanismo explicaría por qué nuestros gatos, cuyos sensores olfativos se saturan muy rápidamente, prefieren multiplicar pequeñas comidas a lo largo del día en lugar de devorar una gran ración de golpe, como haría un perro. Para respaldar esta tesis, los investigadores introdujeron un nuevo olor o un alimento diferente en medio de una comida. ¿Resultado? El apetito del gato se ha vuelto a disparar, aunque acaba de comer su croqueta habitual. La novedad actúa como un verdadero interruptor en su cerebro.

El experimento fue aún más lejos y jugó exclusivamente con los perfumes. Los científicos notaron que simplemente cambiando el olor del ambiente alrededor del cuenco sin cambiar el contenido del cuenco, podían aumentar la motivación alimentaria del gato. Esto demuestra que el felino no necesariamente busca lo mejor en cuanto a nutrición, sino simplemente lo diferente, para estimular sus sentidos. Esto es lo que llamamos deshabitación: la llegada de un nuevo estímulo que despierta interés.

Impulso sensorial

Es esta sensibilidad la que hace que tu gato te pida que le añadas croquetas incluso si el cuenco no está vacío. Agitar la bolsa o agregar un nuevo puñado encima libera nuevas moléculas de olor que aún no han sido neutralizadas por el cerebro. Entonces no es que pida más cantidad, sino que pide una actualización olfativa de su cena para que vuelva a resultarle interesante.

Este descubrimiento, difundido por el medio online estadounidense Gizmodo, cambia muchas cosas para los dueños de gatos. Si tu felino parece ignorar sus comidas, no tiene sentido cambiar de marca de croquetas cada dos días (lo que también podría alterar su tránsito). A veces, un poco de estimulación sensorial es suficiente para ayudarle a terminar su ración.

Algunos expertos sugieren, por ejemplo, guardar las croquetas en recipientes herméticos para conservar todo su poder aromático, o calentar ligeramente el mosto para que suelte los sabores. El simple hecho de agitar el cuenco para mezclar las croquetas de abajo con las de arriba a veces puede ser suficiente para engañar a tu compañero y convencerlo de volver a la pelea.

Esta investigación tiene un interés médico real. Para un gato anciano o enfermo que está perdiendo el apetito, la variedad de olores se convierte en una importante herramienta terapéutica. “Estos hallazgos demuestran que la habituación y deshabituación dependientes del olor regulan dinámicamente la motivación alimentaria en los gatos”.concluyen los investigadores. Jugando con aderezos aromáticos (como un poco de jugo de atún o levadura de cerveza), puedes animar a un animal debilitado a recuperar sus fuerzas.

Por el contrario, para los gatos que tienen demasiada barriga, la rutina puede convertirse en una aliada. Mantener exactamente el mismo menú, sin variación alguna de olor o consistencia, limitaría el exceso de gula ligado a la novedad. En cualquier caso, la próxima vez que tu gato se detenga en medio de su festín, no le regañes: sólo está esperando a que le limpien la nariz.



Referencia

About The Author