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El desafío del referéndum no fue el terreno de juego ideal para Matteo Salvini. Parecía menos protagonista que de costumbre. Se gastó pero sin fuegos artificiales. Quizás porque estaba ocupado con otros asuntos, como la salida del general Vannacci del partido que hizo bailar a su dirección durante algunas semanas y provocó más de una perplejidad a través de Bellerio. O porque – como se susurra en palacio – “Matteo no tiene intención de molestar a los magistrados”.
Ahora se ha ganado un espacio político en el ala derecha del gobierno y trata en todo momento de actuar como contracanto del ejecutivo. Es cierto, el ala pragmática de la Liga todavía está surgiendo, que quiere un punto de inflexión en nombre del norteño y exige que se deje de lado el proyecto del partido nacional.
En definitiva, una vuelta al pasado, hacia una Liga más atenta al tejido productivo del Norte. En resumen: la victoria del Sí quizás normalizaría su peso actual como accionista minoritario.

El rechazo de la reforma de Nordio sería, por el contrario, una oportunidad para elevar el listón de la reforma de la ley electoral, que no ha compartido el corte de las circunscripciones uninominales, y para atacar duramente la posición del Gobierno en política exterior.

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