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Entre ataques, confusión y autocelebración, Donald Trump difundió el miércoles, durante su discurso en el Foro Económico de Davos (Suiza), la única información que tiene valor para los europeos: no, Estados Unidos no pretende apoderarse de Groenlandia por la fuerza, ni imponer derechos de aduana punitivos a los países europeos que se han atrevido a decir no a sus deseos. Los daneses y groenlandeses dan un suspiro de alivio, al igual que Wall Street. Pero todos permanecen en guardia, sabiendo que la batalla no ha terminado, especialmente con un oponente como Trump.

Al dar marcha atrás, deja expuestas las relaciones transatlánticas. Este jueves reinaba una inmensa cacofonía en el seno de la OTAN: se firmaría un “acuerdo” entre el presidente estadounidense y el jefe de la Alianza Atlántica, Mark Rutte… del que los principales actores no han oído hablar. “Nadie, excepto Groenlandia y Dinamarca, tiene autoridad para celebrar acuerdos en la isla”, gruñó el primer ministro del territorio autónomo danés.

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