Niño secuestrado por venganza transfronteriza en los suburbios del este de Nápoles, con la mano dura de la fiscalía antimafia que exige tres penas muy duras para los presuntos autores. Exactamente un año después del impactante secuestro del hijo de quince años de un empresario de San Giorgio a Cremano, el juicio de primer grado convocado para esclarecer este terrible asunto entra en su fase clave. Esta mañana, la acusación fue presentada por el fiscal Henry John Woodcock, quien solicitó 18 años de prisión para Renato Franco, 16 años para Giovanni Franco y 12 años para el colaborador de justicia Antonio Amaral Pacheco De Oliveira.
Durante su intervención, el fiscal fue muy firme al definir el secuestro ocurrido la mañana del 8 de abril de 2025 en San Giorgio a Cremano como un “acto de máxima crueldad, que debe ser castigado severamente”. En las últimas fases de la audiencia ante el juez de instrucción Zingales, la pelota pasó a la defensa (compuesta por los abogados Domenico Dello Iacono, Leopoldo Perone y Rocco Maria Spina), que se centró en la posibilidad de reclasificar la acusación de secuestro por extorsión a secuestro “simple”.
La defensa solicitó entonces el reconocimiento de la circunstancia atenuante de la indemnización del daño: en los últimos meses, de hecho, los acusados habían propuesto una suma como indemnización, que, sin embargo, no fue aceptada por las partes civiles, representadas por el abogado Michele Rullo. La audiencia tuvo entonces otro giro importante: Renato Franco, después de su primo Giovanni, también decidió admitir su implicación en el asunto.
En resumen, Renato Franco, considerado por los investigadores cercano a los círculos del clan Formicola de San Giovanni a Teduccio, habría planeado el secuestro del niño, mientras que Giovanni Franco habría trabajado en la planificación del allanamiento, además de estar operativo con otro responsable material del secuestro. Era la mañana del 8 de abril cuando un estudiante de 15 años fue secuestrado en Via Margherita di Savoia.
El adolescente fue recogido físicamente por Antonio Amaral Pacheco De Oliveira y Giovanni Franco, quienes tenían la misión de conducir una camioneta utilizada para el transporte. Horas dramáticas para el pequeño y su familia. Con 50 euros bastaron para comprar todo el equipo de secuestro: cuerdas, cinta adhesiva, una capucha negra, cinta aislante, una máscara de anciano. El niño fue llevado a una casa en los suburbios del este de Nápoles y lo que siguió fueron ocho horas de infierno.
Un encarcelamiento durante el cual sólo logró beber un poco de agua, antes de ser puesto en libertad en la zona de Licola. Según la reconstrucción de los fiscales, el secuestro fue provocado por un intento de extorsión: el comando exigió al empresario la entrega de un millón y medio de euros como rescate. Una suma que, según Renato Franco, era más bien “debida” tras un litigio privado relacionado con la compra de un negocio.