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Su nombre es Mimmo. Desde junio de 2025 este delfín mular (o delfín mular) vive solo en la laguna de Venecia. Es visto regularmente por lugareños y turistas, e incluso se instala regularmente en el estanque frente a la Plaza de San Marcos, uno de los lugares más concurridos de la ciudad italiana. Convertido –obviamente– en una estrella de las redes sociales, el animal fascina. Pero según un estudio publicado en Frontiers in Ethology, esta proximidad con los humanos sería peligrosa para él.

Los delfines mulares son conocidos por su inteligencia y sociabilidad. Suelen vivir en grupos, pero es posible que un individuo se aísle temporalmente y explore nuevos territorios. Históricamente la Laguna de Venecia siempre ha formado parte de su distribución, aunque desde los años 70 han sido muy discretas.

Según un artículo de IFL Science, Mimmo come bien y muestra un comportamiento normal, visiblemente no tiene dificultades. “Mimmo parece gozar de buena salud y se le observa regularmente alimentándose de mulas”especifica el estudio. Nada anormal a nivel biológico, pero el problema está en otra parte.

La cuenca en la que opera se ve afectada por un intenso tráfico de taxis acuáticos, vaporettos y embarcaciones privadas. En este entorno estrecho y ajetreado, el delfín corre el riesgo de ser golpeado o herido por las hélices de un barco. Los investigadores recomiendan un mayor control de los límites de velocidad, así como una mayor vigilancia por parte de los navegantes hacia el delfín.

Deja a Mimmo en paz

Las autoridades ya han implementado algunas medidas. En otoño de 2025, se instalaron dispositivos para intentar asustar a Mimmo pero, sin éxito, el cetáceo regresó directamente. La opción de captura para moverlo no es posible y puede dañarlo.

Los investigadores destacan otro riesgo normal de esperar en una ciudad turística como Venecia: la interacción con la gente. A pesar de las instrucciones claras, algunos intentan acercarse, tocar o incluso alimentar al animal, comportamientos que podrían cambiar sus hábitos y hacerlo dependiente de los humanos.

Para Giovanni Bearzi, autor principal del estudio, la situación revela una paradoja más amplia: “Lo verdaderamente inusual no es la presencia de delfines, sino la continua dificultad que tiene el hombre hoy en día para respetar a estos animales”. Los delfines han acompañado las actividades marítimas humanas durante milenios, pero la coexistencia sigue siendo frágil.

En una ciudad que recibe alrededor de 30 millones de visitantes al año, la presencia de Mimmo constituye a la vez una oportunidad educativa y una prueba en tamaño real de la convivencia entre naturaleza y urbanismo. La supervivencia del delfín dependerá menos de su adaptación que de la capacidad de los humanos para adaptar su comportamiento y respetarlo.



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