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Un equipo internacional ha decidido cartografiar el Imperio Romano con extrema precisión. Al final, casi 300.000 kilómetros de carreteras que conectan Europa, Oriente Medio y el norte de África se añadieron a un mapa digital, el más completo jamás creado sobre las carreteras del Imperio. El proyecto, llamado Itiner-e y disponible aquí, apareció en la revista Nature a principios de este mes.

Se trata de un atlas digital interactivo que traza las rutas que existían alrededor del año 150 d.C., cuando el Imperio había alcanzado su tamaño máximo, explica un artículo de Gizmodo. Combinando fuentes arqueológicas, documentos antiguos, mapas topográficos e imágenes de satélite, los investigadores lograron reconstruir 299.171 kilómetros de calzadas romanas, casi 100.000 kilómetros más que las estimaciones anteriores.

Las calzadas romanas suelen verse como un símbolo del poder imperial. Construidos con notable precisión, cumplían una función central en el funcionamiento del Imperio: permitían a los ejércitos, comerciantes y funcionarios públicos trasladarse rápidamente de una provincia a otra. La red cubría aproximadamente cuatro millones de kilómetros cuadrados.

Algunas rutas principales, como la Via Appia o la Via Appia Antica, todavía son visibles hoy, mientras que otras han desaparecido bajo las carreteras o la vegetación. Este mapa distingue tres categorías de carreteras según el grado de certeza de su existencia: el 2,7% están certificadas, el 89,8% se consideran probables y el 7,4% siguen siendo hipotéticas. En total, se han cartografiado más de 14.000 segmentos, cada uno evaluado según criterios topográficos e históricos.

Formas que siguen siendo relevantes hoy en día.

Este mapa también nos permite comprender mejor cómo Roma mantuvo la cohesión de su imperio. Estas vías conectaban las grandes ciudades, pero también las zonas rurales, favoreciendo los intercambios económicos, la difusión de culturas y el control administrativo. Numerosas hachas modernas siguen todavía rutas antiguas: los investigadores también han observado similitudes entre este diseño y los mapas modernos.

La carretera que hoy conecta Bolonia, Módena, Parma, Piacenza y Milán corresponde exactamente a la que unía, hacia el año 150, las antiguas ciudades de Bononia, Mutina, Parma, Placentia y Mediolanum.

Más allá del interés arqueológico, este mapa también tiene una finalidad científica. De hecho, la modelización de redes nos permite estudiar los flujos de movilidad, la circulación de ideas, religiones o incluso epidemias en todo el Imperio. También ofrece nuevas posibilidades en geografía histórica al hacer que los datos sean accesibles al público en forma de una herramienta interactiva.

Esta cartografía resalta cómo una civilización podría pensar en su dominio en el espacio para unir un continente. El proyecto permite modelar restos antiguos y revela una red viva, real y fascinante.

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