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¿Y si nos preguntáramos por el papel de Sciences-po Lyon, que tardó tanto en reaccionar tras la tragedia? Si nos planteáramos la cuestión de esta autorización concedida a Rima Hassan para “dar una conferencia” cuando se trataba de una reunión política. Si nos centramos, sin embargo, en todos aquellos que Sciences-po Lyon nunca ha dejado cruzar las puertas de su campus. Y si, por el contrario, nos alegramos de que nada es inevitable, prueba de lo cual es la valentía de la nueva dirección parisina de Sciences-po, que supo poner fin a los excesos antisemitas, pensamos en particular en las terribles “manos rojas” vinculadas a Hamás, blandidas después del 7 de octubre.

Y si nos preguntáramos por la presencia de Raphaël Arnault, ya condenado por violencia voluntaria en la comunidad, entre las filas de los parlamentarios. Hemos visto currículums más matizados por ejercer la autoridad moral y votar las leyes de la República que por haber participado en la creación de la Joven Guardia, un movimiento disuelto cuya violencia es perpetuada por un puñado de delincuentes nostálgicos de golpes y puños.

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