nuestro corresponsal en Florencia
La mesa está dispuesta como la de una sala de reuniones de Coverciano. La diferencia es que en los restaurantes de Londres, Milán, Roma y Nápoles (lugares de las ahora famosas cenas), no había diseños escritos en las servilletas con rotuladores. Sólo palabras, comparaciones, risas, menciones a los adversarios en el camino a América y sobre todo las anécdotas de los ex senadores italianos ahora en puestos directivos de la selección (entrenador Gattuso, colaborador técnico de Bonucci y jefe de la delegación de Buffon). Todo en un ambiente de ligereza para cimentar al grupo de jugadores. En los pequeños amistosos, las historias de Buffon y Bonucci sobre las retiradas y las experiencias de sus selecciones, las victorias en Berlín en 2006 o en Wembley en 2021, o incluso las ganas de darlo todo por Italia, aunque después del parón haya quizás un partido de prestigio en el campeonato o en Europa. Y el recuerdo de las 7 horas diarias de fisioterapia que siguió Gattuso hace 20 años en Duisburgo, convirtiéndose la sala en lugar de encuentro del grupo de Lippi.
En una Italia que se construyó sin la ayuda de prácticas ni de formación durante 4 meses, fue la primera arma del “nómada” Gattuso (que abordó 82 aviones en pocos meses). Un método que no es nuevo, Rino lo hizo incluso en equipos de clubes – en Hajduk, incluso llegó a regalar un teléfono móvil a cada jugador por una victoria en el derbi contra el Dinamo -. Pero esta vez había que organizarse, al igual que a los jugadores había que llamarlos de vez en cuando, no para respirarles, sino para hacerlos sentir importantes: no es habitual que un entrenador vaya a Arabia Saudita a visitar a un jugador (Retegui) o se detenga en un retiro del equipo para hablar con los ‘debs’ Palestra y Caprile. Está claro que los jugadores ahora se sienten obligados a devolverle algo a Gattuso. “En los últimos meses escuché más al entrenador que a mi madre – dijo Calafiori -. Aprecié su comportamiento, estaba cerca de mí incluso cuando jugaba menos. Las cenas eran como reuniones con amigos”.
Por tanto, ha llegado el momento de reunirse en Coverciano, donde la única duda real parece ser la utilización de Alessandro Bastoni. El defensa, consciente de las historias de las cenas y de que el técnico siempre le hacía sentir valioso para este equipo, decidió -pese a una lesión en el tobillo y con el Inter en crisis- quedarse en el grupo. Ayer, más terapia y carrera, finalmente intentó patear el balón, pero Gattuso no lo manda a casa como pasó con Chiesa.
“El dolor es manejable”, continuó Bastoni. La esperanza del técnico es que mañana por la mañana, durante el partido en Zingonia, el polideportivo del Atalanta, pocas horas antes del partido contra Irlanda del Norte, pueda estar en forma y listo.