Feo, cojo, jorobado, manipulador, sanguinario: Ricardo III, héroe de la obra homónima de William Shakespeare (1564-1616), no tiene nada que agradar. Sin embargo, seduce. No sólo sus presas que, bajo la pluma del autor isabelino, ceden a su fuerza de persuasión o se arrodillan ante su brutalidad, sino también el público, dividido entre la repulsión y la fascinación. Es en esta paradoja de una acogida paralizada por la ambigüedad donde encaja la imponente instalación del israelí Itay Tiran. Su espectáculo se propone en Sceaux, en el Théâtre Les Gémeaux, que desde hace tres años colabora con el Théâtre Gesher, fundado en 1991 por un artista emigrado de Rusia y dirigido, en Tel Aviv, Israel, por Lena Kreindlin.
Las paredes son blancas, los trajes negros, la música embriagadora, la decoración seca: no hay fantasía en el horizonte. El escenario podría ser un manicomio coronado por fans que agitan el aire y sus miasmas. Richard entra cojeando, con un pie plano y el otro apoyado en un tacón alto. Evgenia Dodina, una actriz bielorrusa que vive en Israel desde los años 90, interpreta a un monstruo que no es ni hombre ni mujer. El impulso homicida no tiene género, aquí es arquetípico. Esta actriz de renombre internacional es la pieza clave de un formidable sistema que toma nota, sin perspectivas de reparación, del caos desencadenado por Richard.
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