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¿Cuántas formas de hipocresía hay? Parece que la escritora inglesa Natasha Brown (nacida en Cambridge en 1989) ha comenzado a explorar posibles respuestas en su novela Universality (editorial NN): un libro en el que, por decirlo con optimismo, nadie se salva. Hay una hipocresía pública y descarada; y está la hipocresía de quien condena la hipocresía misma, de quien observa, de quien se siente más auténtico. En Universality, una novela que transcurre en la Gran Bretaña en tiempos de confinamiento, estos diferentes modos de ficción se entrelazan en un laberinto de existencias y calles, del campo a la City, de las afueras de Londres al lujo de Kensington, de las tiendas Occupy a los áticos, pasando por… las redes sociales, obviamente, el reino de la no realidad tomada como verdad.
El crimen tiene lugar en una granja donde, en plena pandemia, desafiando normas muy estrictas sobre las reuniones, entre plantas de marihuana y música, un grupo de activistas pasa el rato con una fiesta rave. Es una pena que el líder –o más bien el gurú– del grupo, conocido como Pegaso, haya sido encontrado sin vida, golpeado en la cabeza con una barra de oro. ¿Quién fue y a quién pertenece el lingote? Las respuestas a las dos preguntas no quitan nada al misterio que subyace a la novela: se trata de un tal Jake, que luego huyó, mientras que el dueño del oro es Richard Spencer, banquero, multimillonario, exmarido infiel de Claire, muy consternado pero también herido, en términos de imagen, por el acto violento ocurrido en su propia casa. Casa que había “prestado” a un vecino y que ignoraba que estaba siendo utilizada por el grupo de hippies que regresaban.
Hoy en día, los hippies se autodenominan “universalistas”, consideran “la recuperación del dominio como un gesto de activismo político más que de ocupación”, creen que el Covid es culpa del capitalismo y que el apellido es un “concepto patriarcal”. Frente a sus “visiones”, la avaricia de Richard y el expediente judicial, se trata de la periodista Hannah, según la cual la historia “esconde una parábola moderna que pone de relieve el desgaste del tejido de la sociedad británica, desgastado por la abrasión incesante del capitalismo tardío. El lingote que falta es un vínculo: entre un banquero inmoral, un periodista iconoclasta y un movimiento anarquista radical”. ¿Por qué Hannah es tan crítica? Porque la “periodista iconoclasta” no es ella: es Lenny, alias Miriam Leonard, columnista mordaz y autora de Ya basta de despertar, quien, precisamente a partir del caso del lingote, obtiene la fama que persigue después de un tiempo, a diferencia de Hannah.
Sin revelar la solución del caso, la lección de Lenny es simple: “Tu interfaz con este mundo es el lenguaje. Las palabras son tus armas, tu herramienta, tu moneda”.

Es con palabras que podemos decir todo y su contrario y transformar la hipocresía en éxito, la mentira en influencia, la inconsistencia en verdad, el interés personal en combate. Si hay una sátira social en el siglo XXI, la de Natasha Brown es implacable.

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