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Avance en la investigación sobre la muerte de Sara Di Vita, de 15 años, y de su madre Antonella Di Ielsi, de 50, fallecidas entre el 27 y el 28 de diciembre en el hospital Cardarelli de Campobasso tras una enfermedad inicialmente atribuida a una supuesta intoxicación alimentaria. Según nos cuentan las fuentes de la investigación, las dos mujeres de Pietracatella fueron envenenadas con ricina, una sustancia altamente tóxica contenida en las semillas de ricino. La Fiscalía de Campobasso ha abierto un nuevo expediente de investigación, actualmente contra desconocidos, bajo la hipótesis de un doble homicidio doloso. Los rastros de la sustancia aparecieron durante las pruebas toxicológicas realizadas en muestras biológicas. Continúan los controles para reconstruir métodos y responsabilidades, mientras se realizan análisis más profundos para consolidar el marco probatorio. La autopsia, realizada el 31 de diciembre, no arrojó respuestas inmediatas y los resultados finales aún no se han presentado.

La historia se remonta a los días inmediatamente anteriores a la Navidad. La atención de los investigadores se centró desde el principio en las comidas consumidas entre el 22 y 23 de diciembre en la casa Pietracatella, donde estaban presentes el padre Gianni Di Vita, la madre Antonella y la hija menor Sara, mientras que la hija mayor, Alice, no participó y nunca presentó síntomas. Entre el 27 y 28 de diciembre, madre e hija vivieron una repentina enfermedad, precedida de varias horas de vómitos y un rápido empeoramiento de su estado hasta que sus órganos colapsaron. Tras una serie de visitas a urgencias de Cardarelli en Campobasso y posteriores dimisiones, el cuadro clínico empeoró hasta su muerte, ocurrida pocas horas después. El padre, que padecía síntomas importantes, también fue hospitalizado en Spallanzani, en Roma, donde permaneció varios días antes de ser dado de alta; las pruebas toxicológicas y microbiológicas que se le practicaron resultaron negativas. Ya el 31 de diciembre, la fiscalía ordenó una autopsia, que duró aproximadamente siete horas, en la que no se logró identificar la causa inmediata de la muerte. Al mismo tiempo, el Instituto Zooprofiláctico incautó y analizó numerosos alimentos presentes en la casa, mientras que otras investigaciones toxicológicas y biológicas fueron confiadas al Centro Antivenenos Maugeri de Pavía y al Policlínico de Bari. Con el paso de las semanas se fueron descartando hipótesis de botulismo, hongos venenosos y principales sustancias químicas, mientras que parte de los restos de comida no fueron recuperados porque ya habían sido eliminados junto con los desechos orgánicos antes de la confiscación de la casa.

La investigación, coordinada por la fiscalía de Campobasso, se desarrolló en un doble eje, investigador y científico, con cinco médicos incluidos en el registro de sospechosos, acto necesario para permitir investigaciones únicas. El punto de inflexión en la investigación es parte de este marco aún abierto y en evolución.

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