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El investigador japonés Yoshiki Ochiai caminaba por la playa de Gamo, en el noreste del país, cuando notó una extraña masa gelatinosa con reflejos azulados. Para él no había duda, se trataba de los restos de una medusa varada, pero el especialista nunca había observado un ejemplar así. Luego decidió tomarlo y enviarlo al laboratorio de la Universidad de Tohoku para examinarlo más de cerca, informa Popular Mechanics.

Tras el estudio, cuyos resultados se publicaron en la revista Frontiers, se descubrió que el animal con tentáculos pertenecía a una especie de fisalia hasta ahora desconocida. A menudo confundida con medusas, physalia (Physalia physalis) sin embargo no lo son. El organismo, que mide aproximadamente veinte centímetros, se presenta en forma de un pequeño globo alargado, translúcido y con reflejos rosados ​​y azulados. También está equipado con un flotador lleno de aire (llamado neumatóforo), que le permite permanecer en la superficie, y con tentáculos largos y especialmente urticantes.

Persiguiendo las corrientes de agua cálida

Esta nueva especie recibió el nombre de Physalia mikazuki (o physalia con casco creciente) en referencia a la luna creciente que adornaba el casco del famoso samurái Date Masamune.

Hasta este descubrimiento, los científicos sólo conocían otras cuatro especies de physalia. Physalia utriculus se consideraba la única especie local, originaria de Okinawa. La playa donde se descubrió este nuevo ejemplar es el punto más septentrional jamás registrado para la presencia de una fisalia. La criatura, de hecho, suele dejarse llevar por los vientos y las corrientes marinas de las regiones tropicales, capturando pasivamente a sus presas con sus tentáculos.

“Este es el primer avistamiento de Physalia en la región de Tohoku”subrayaron los especialistas. La aparición de esta especie en esta zona del país ilustra una “un cambio biogeográfico significativo, que plantea preguntas cruciales sobre sus implicaciones ecológicas”. Parece que el aumento de las temperaturas ha creado una zona habitable más grande para los caracoles. Un fenómeno comparable al de la medusa Nomura, cuya proliferación en aguas japonesas amenaza hoy el ecosistema marino y la industria pesquera.

La dolorosa picadura de estos carnívoros acuáticos es peligrosa (incluso mortal) para los nadadores, y su migración significa una mayor conciencia pública y mayores medidas de seguridad en las playas japonesas. “Pero también son criaturas magníficas que merecen esfuerzos continuos de investigación y clasificación”concluye la investigadora Ayane Totsu.

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