En medio del auge de la inteligencia artificial (IA), Sam Rodriques, director ejecutivo y cofundador de Edison Scientific, mantiene la leyenda de Silicon Valley. El empresario de 34 años nos recibió el 11 de febrero en su sede, una fábrica reformada en San Francisco (California), amueblada con sofás rotos y depósitos de nitrógeno. Viste camiseta y devora snacks porque no ha tenido tiempo de comer mientras nos cuenta sus aspiraciones: “Lo que queremos hacer es curar todas las enfermedades”. Y para eso trabaja “construir un científico artificial”un modelo de inteligencia artificial que logrará lo que los humanos no pueden lograr.
Al joven no le falta ambición. Físico de formación, comenzó con la computación cuántica, pero temía que no hubiera nada que descubrir. “Así que recurrí a la biología y la neurociencia, donde aún está todo por resolver. El problema que más me interesaba en ese momento era entender cómo funciona el cerebro”., explica el hombre que luego obtuvo un doctorado en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en Cambridge.
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