“Sordi hizo algo increíble, miró muy bien a los italianos, los llevó a la pantalla y entonces sucedió algo único, los italianos empezaron a imitar a quien los imitaba”. Lo dijo Enrico Vanzina durante la conferencia “Alberto Sordi l’Arcitaliano.
El italiano medio de ayer y de hoy: la actualidad de los personajes del inolvidable actor romano”, presentado por Gigi Marzullo, en la histórica residencia del actor, la Villa Alberto Sordi, (hoy casa museo), por iniciativa del senador Maurizio Gasparri en colaboración con la Fondazione Italia Protagonista y la Fondazione Museo Alberto Sordi. Una ocasión para la cual también se creó una cancelación especial para el sello dedicado al actor.
“Alberto fue un gran amigo para mí y para mi hermano Carlo y fue un amigo fraterno de mi padre Steno y de mi madre Teresa.
Una amistad que nació cuando papá la quiso para un episodio de Un giorno in pretura, el comienzo de una gran epopeya – recuerda Vanzina – que continuó con Un americano en Roma y muchas otras películas juntas”. Con una serie de anécdotas hilarantes, el director subraya hasta qué punto Sordi “se marchitó en su juicio sobre las personas, en su lectura de la realidad. Una vez le pregunté qué pensaba de Benigni y me dijo que era como el loco que se sale de los caminos trillados, no creo que haya mejor definición. Podía fotografiar personas como nadie”.
Para Luca Verdone, lo que caracteriza a Sordi “es el coraje de ser siempre él mismo, de burlarse, de burlarse pero a veces también de ser heroico. Supo presentar sin dudar el lado humano y generoso de su personalidad. Y siempre supo ser honesto él mismo. También rompió tabúes y fue internacional; por ejemplo, Jack Lemmon y Walter Matthau sentían por él una admiración inconmensurable.
Gasparri explica que todavía está enojado “porque otro romano, Nanni Moretti, dijo en Ecce bombo la frase ‘mereces a Alberto Sordi’. En realidad, tuvimos el privilegio de merecer a Alberto Sordi. La cultura popular italiana es importante. En Sordi nos burlamos de los clichés, él también denunció ciertas faltas sin dar nunca sermones. Se mantuvo alejado de las controversias políticas, fue generoso con la ciudad, hizo sus buenas obras sin mostrarlas. Alberto Sordi y sus personajes “Aún deben ser estudiados – concluye Gasparri – por su riqueza y su humanidad”.
Vanzina finalmente subraya que cuando murió Sordi, “pensé que estaba llegando a su fin una época en la que los italianos se burlaban unos de otros, se amaban, se burlaban de sí mismos, que se estaba perdiendo una parte fundamental de la memoria colectiva. Pero en realidad, Sordi, gracias a su poder y su fuerza, nunca se fue”.
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