El bloqueo del Estrecho de Ormuz, vigente desde el 28 de febrero, está entrando en su fase más delicada: donde los suministros comerciales de petróleo crudo y combustible de aviación comienzan a caer por debajo de los umbrales de seguridad. Uno de los casos extremos de nuestra península es el de Cerdeña. La isla depende inevitablemente del transporte aéreo, tanto para el turismo como para los trabajadores, así como para quienes viajan por motivos de tratamiento o necesidades familiares. El problema de los viajes es atávico para Cerdeña y, a pesar de la crisis actual, es uno de los temas más candentes para la población sarda. Hasta ahora, la refinería de Sarroch (principal punto de transformación de petróleo en combustible de toda Cerdeña) ha contenido la emergencia, pero los próximos tres meses representan una prueba de resiliencia sin precedentes para todo el sistema energético y logístico de la isla.
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Disminución de existencias y uso de reservas estratégicas
El margen garantizado por los suministros que llegan antes de la crisis está condenado a agotarse pronto. A partir de este momento, el suministro a los aeropuertos de Cagliari, Olbia y Alghero dependerá de rutas alternativas más largas y caras. Los petroleros que se han desviado del continente africano apenas comienzan a llegar, pero con costos de transporte y seguros hasta tres veces superiores a lo normal. Para evitar interrupciones, el gobierno autorizó el uso parcial de las reservas de la OCSIT (Organización Central de Almacenamiento). Una medida que garantizará la continuidad operativa de los vuelos, pero no a los niveles habituales.
El combustible estratégico se destinará principalmente a la continuidad territorial, dejando al sector turístico expuesto a la dinámica del mercado. El resultado más probable, entre julio y agosto, es una forma de racionamiento económico: no habrá escasez de combustible en términos absolutos, pero su coste hará insostenibles algunas rutas. Las aerolíneas, especialmente las de bajo coste, podrían reducir las rutas menos rentables para concentrar sus recursos en las rutas más demandadas. Por tanto, los aeropuertos más pequeños como Alghero y Olbia podrían pagar más y a favor de la capital, Cagliari.
El fenómeno del tanking y su efecto sobre los precios
Durante el verano, el uso del repostaje se volverá estructural: los aviones aterrizarán en Cerdeña con el combustible cargado en los aeropuertos de salida, donde el acceso a fuentes alternativas (como el crudo estadounidense o noruego) es más fácil. Esta práctica, sin embargo, tiene una contrapartida: más combustible a bordo significa menos espacio para pasajeros y equipaje. Una dinámica que inevitablemente se traducirá en un aumento de los precios de los billetes. Los efectos de la crisis no se limitarán al transporte aéreo. El combustible refinado en Sarroch también sirve para los ferries y el transporte por carretera. Es posible una desaceleración de los barcos (slow steaming) para contener el consumo, con una duración de viaje de hasta dos horas. En términos de movilidad interna, el coste del combustible podría superar los 2,50 euros por litro, impactando fuertemente en el alquiler de coches y en los servicios de transporte privado.
¿Está cambiando el turismo?
Si la crisis no mejora, el verano de 2026 se caracterizará por una contracción de los flujos turísticos. Los que pagarán más serán los viajes de corta duración y el turismo internacional de larga duración, dejando espacio para una mayor demanda interna y sedentaria. La continuidad territorial se convertirá en un nodo central del debate político: garantizar las conexiones con los residentes, en un contexto de recursos limitados, requerirá decisiones difíciles. En este escenario, Cerdeña corre el riesgo de transformarse en un sistema cerrado y selectivo, obligado a optimizar cada conexión disponible.
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