Quizás también sea culpa de Bastoni, que hoy es una expresión que se aplica a todo. ¿Y si fuera culpa nuestra? Nosotros los padres, quiero decir, los que están seguros de que tienen un campeón en casa y en cuanto lo inscriben en el equipo de oratoria empiezan a pensar que el entrenador no lo entiende. La crisis del fútbol italiano está ahí, en todas las gradas, las que se llenan
el fin de semana de los aspirantes a técnicos expertos del 3-5-2 pero no el respeto debido a los técnicos y, seamos sinceros, a sus hijos.
El fútbol, hasta cierto punto, debería ser como esos scrums que se ven en los campos de los pueblos: lanzas la pelota y luego veremos qué pasa. Entonces el trabajo debe partir de ahí, partiendo de conceptos como educación, respeto, diversión, trabajo en equipo. Y en cambio, en el primer partido entre Pulcini, se escuchan gritos que avergüenzan hasta a la grada.
Así que pensemos en ello, hay que dar un paso atrás: hasta los 12 años, los padres nos alejamos de los entrenamientos y los partidos. Digámoslo como regla número uno: quizá nuestro hijo no llegue a ser jugador de fútbol, pero seguro que será un mejor adulto.