De fondo el sonido del agua y el canto de los pájaros. Hay peores entornos para tomar el café de la mañana. Desde los ojos de buey o en lo alto de las escaleras de su barcaza, Hélène no se cansa de contemplar la vista celestial. “Hay mucho ruido con los piafs. Es mágico”. Para este habitante de una barcaza amarrada en el “Squirrel Arm” en Longueil-Annel (Oise), era el “sueño” vivir aislado en plena naturaleza. Desde hace diez años disfruta de este entorno idílico.
“Ahora lo miro con una punzada en el corazón. Está empezando a escocer. Lo aprovecho porque ya casi ha terminado…” La temida fecha límite se acerca rápidamente. El 29 de marzo, la “barrera” retrocederá con el niño más pequeño, de 16 años, expulsado del Canal Sena-Europa del Norte.