La escena se convirtió en una anécdota entre amigos. Hace 20 años, cuando el niño tenía menos de tres años, soltó un jubiloso “¡Teta!” mientras estaba en brazos de su madre en el museo. Fue en la exposición “The Last Sitting” con fotografías de Marilyn Monroe de Bert Stern, fallecido en 1962, pocas semanas después de aquella gigantesca sesión de fotos con él.
Por muy divertida que fuera la exclamación en ese momento (ningún adulto podría haber imaginado que el niño conocía la palabra), la anécdota va al corazón de lo que hizo Marilyn Monroe durante su corta y no a menudo feliz vida. Muchos la vieron como la chica pin-up, el símbolo sexual, mucho después de su muerte, y consideraron sus papeles como una rubia ingenua idénticos a los de la verdadera Norma Jean Mortenson, que en realidad no era rubia en absoluto. Durante mucho tiempo se ha ignorado el hecho de que fue capaz de actuar de manera brillante, que fundó su propia productora cinematográfica desde el principio y que adquirió lo que su precario entorno y su matrimonio adolescente le negaron a través de la lectura y la educación superior. Hoy en día es considerada una de las mayores estrellas que ha producido el cine, no por su escote, sino porque hizo historia del cine, no sólo como una comediante inteligente.
El 1 de junio el mundo celebra el centenario de Marilyn Monroe y el Instituto Alemán de Cine y el Museo del Cine regalan no sólo a MM, sino sobre todo al público, una pequeña serie de películas que podrán verse durante todo el mes de junio. A partir del 3 de junio se proyectarán clásicos como “Niagara” o “The Seven Year Itch”, siempre dos veces, porque probablemente haya prisa por esperar.
Las películas se proyectan digitalmente como DCP, pero el 9 de junio, con la espléndida “Los caballeros las prefieren rubias”, se estrenará en los cines una versión original en 35 milímetros. Un espectáculo que se repetirá en blanco y negro el próximo 13 de junio, también en 35 milímetros y en original con los subtítulos “Some Like It Hot”. Además de que en el cine se ve maravillosamente bonito, es un buen motivo para revisitar los clásicos o presentárselos a los recién llegados. Quienes quizás ya sean adultos jóvenes a estas alturas.