De repente, un ruido tremendo reemplaza el silencio piadoso que reinaba en la sinagoga de La Roquette, en París, la tarde del lunes 2 de marzo. Los fieles, sonrientes, alegres, algunos enmascarados, golpean con el pie, hacen girar sus cascabeles, emiten pequeños gritos. Se trata, como dicta la tradición de Purim, de hacer ruido cada vez que se pronuncia el nombre de Amán – alto dignatario del imperio persa, enemigo del pueblo judío al que quería destruir – durante la lectura del Libro de Ester, para borrar su memoria. En Purim celebramos la victoria de esta reina, Ester, esposa judía del rey persa Asuero, contra este gran visir, y la liberación de su pueblo. Por eso esa tarde, entre los fieles, nos alegramos, nos saludamos, nos reunimos con familiares y amigos e intercambiamos regalos.
Detrás de sus sonrisas, muchas personas presentes en la calle de la Roquette el lunes confiesan estar preocupadas. El sábado 28 de febrero, fue en la sinagoga donde algunos de ellos, que observaban Shabat y por lo tanto no tenían acceso a sus teléfonos, radios o computadoras, se enteraron del ataque coordinado entre Estados Unidos e Israel contra Irán. Fue allí donde también se enteraron de los ataques con misiles lanzados por el régimen chiita contra el Estado judío en represalia. “Mucha gente, incluyéndome a mí, estaba llorando y muy preocupada”.dice Juliette, de 75 años, que quiso permanecer en el anonimato, al igual que las otras personas mencionadas por su nombre.
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