Luca De Lellis
El director de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, hace sonar la alarma desde París: el estrecho de Ormuz bloqueado por el conflicto con Irán está generando la peor crisis energética de la historia. Y se acerca el verano. Seis semanas. Queda mucho combustible para aviones en los tanques europeos si el Estrecho de Ormuz sigue bloqueado. Ésta no es la nefasta predicción de un analista de mercado, sino la advertencia emitida hoy por Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía (AIE), en una larga entrevista con The Associated Press desde su oficina de París con vista a la Torre Eiffel. El veredicto es claro: la crisis actual es “la mayor crisis energética que jamás hayamos afrontado”, provocada por el bloqueo del flujo de petróleo, gas y otros suministros vitales a través del Estrecho de Ormuz debido a la guerra lanzada por Israel y Estados Unidos para socavar el régimen iraní, sin haber generado hasta ahora ningún beneficio, pero sí consecuencias desastrosas para las economías de los países occidentales.
Las consecuencias para los ciudadanos europeos podrían ser inmediatas y tangibles. “Pronto sabremos que algunos vuelos de la ciudad A a la ciudad B pueden cancelarse debido a la escasez de combustible”, dijo Birol. No se trata de escenarios hipotéticos, pues ya ha sucedido que algunas aerolíneas han tenido que adaptarse a la crisis, generando molestias a los viajeros. Por ejemplo, la empresa escandinava SAS ya anunció la reducción de mil salidas en abril. Mientras tanto, uno de los gigantes de los viajes económicos, EasyJet, dijo que la crisis ya había disminuido la demanda, con reservas futuras un 2% por debajo del ritmo del año pasado, mientras que sólo en marzo añadió alrededor de £25 millones a la factura de combustible.
El Estrecho de Ormuz: un tablero de ajedrez global
En tiempos de paz, casi el 20% del comercio mundial de petróleo pasa por el Estrecho de Ormuz. Hoy, este pasaje se ha transformado en un cuello de botella geopolítico. Más de 110 buques petroleros para crudo y más de 15 buques cisterna para gas natural licuado esperan en el Golfo Pérsico, listos para llevar al mercado suministros que podrían aliviar la crisis, si tan solo pudieran salir del estrecho. Pero eso no es suficiente: incluso en el escenario más optimista de un acuerdo de paz, el daño a la infraestructura energética de la región haría que la recuperación fuera lenta y difícil. “Más de 80 activos clave en la región han resultado dañados”, recordó Birol, descartando cualquier escenario de rápida recuperación. “Sería extremadamente optimista creer que esto sucederá muy rápidamente. Se necesitarán gradualmente, gradualmente, hasta dos años para volver a los niveles de antes de la guerra”, subrayó el economista turco, que dirige la AIE desde 2015.
El “historial” de Irán: un precedente peligroso
Entre los puntos más sensibles de la entrevista, Birol abordó el tema del llamado sistema de “peaje”, una especie de dinero de protección, que Irán ha comenzado a aplicar a algunos barcos que transitan por el estrecho, permitiendo el paso a cambio de una compensación económica. Una práctica que el director de la AIE considera inaceptable en principio: si se autorizara a convertirse en permanente, este sistema correría el riesgo de crear un precedente aplicable a otros corredores marítimos estratégicos, incluido el estrecho de Malaca en Asia.
Ningún país está a salvo
Pero el viejo continente no sería el único afectado. El panorama pintado por el director de la AIE es el de una crisis que no conoce fronteras geográficas ni distinciones de ingresos. “Ningún país está a salvo de esta crisis”, subrayó Birol, aunque reconoció que las consecuencias serán asimétricas: los que más sufrirán serán los países en desarrollo -aquellos “cuyas voces son poco escuchadas”- de Asia, África y América Latina. Pero para todos se avecina un otoño de facturas más altas: la subida de los precios de la gasolina, el gas y la electricidad ya es evidente.
El alto el fuego de dos semanas que comenzó el 7 de abril expira el martes y los mediadores paquistaníes están trabajando para organizar una segunda ronda de conversaciones en Islamabad. Mientras la diplomacia oscila entre esperanzas e incertidumbres, los tanques de combustible de Europa están vacíos. Un día a la vez.