TDRT57RUIZGFROT52LECPAL6NA.jpg

Siete años después del cierre del Beverley, el último cine parisino especializado en cine pornográfico, ver porno en las salas de la capital se ha convertido casi en una misión imposible. Algunos sex-shops se resisten y algunos incluso se especializan en ediciones vintage de DVD, pero sentarse en un sillón entre decenas de espectadores ya casi no es posible.

Este viernes, las cien butacas del cine Le Brady (39, boulevard de Estrasburgo,

Referencia

About The Author