Así avanza Donald Trump: vacilante, impaciente y audaz. Las amenazas contra Irán se suceden una tras otra, intercaladas con promesas de un resultado diplomático inminente, sin preocuparse por la coherencia o la comprensión de su adversario.
El domingo 19 de abril, 48 horas antes de que expirara el alto el fuego de quince días, el abordaje de un barco mercante iraní por parte de la marina estadounidense abrió un nuevo abismo de incertidumbre, con Teherán prometiendo una respuesta militar. Esa misma mañana, el multimillonario anunció que una delegación de su país viajará el lunes a Islamabad, Pakistán. Durante varias horas, permaneció incierto si el vicepresidente JD Vance estaría o no al mando. Donald Trump explicó a ABC que estaría ausente por motivos de seguridad. Luego la Casa Blanca confirmó su participación.
Por segunda vez, Pakistán será anfitrión de negociaciones bilaterales de alto nivel entre Estados Unidos e Irán. Pero Teherán no ha confirmado en modo alguno su participación, por lo que el levantamiento del bloqueo naval estadounidense es un requisito previo. Islamabad continuó activamente sus esfuerzos por acercar las posiciones. Una ausencia iraní de ese tipo sería una afrenta para Washington. Esto haría muy probable la reanudación de las operaciones militares estadounidenses e israelíes. La elección de la guerra, para no poder escapar.
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