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En lo alto del fuerte Kidal, un bastión rebelde en el extremo norte de Malí, el domingo 26 de abril se plantó la bandera de la independencia. Los rebeldes del Frente de Liberación de Azawad (FLA) firmaron así su venganza: dos años y medio antes, los mercenarios rusos de Wagner habían izado con orgullo su bandera, que representa una calavera blanca sobre fondo negro, junto a la bandera de Malí, en lo alto de este fuerte. El momento fue posteriormente elogiado por la junta gobernante como símbolo de la reconquista de su soberanía, lograda gracias a la asociación militar con Rusia en la que todos ganan.

El domingo, un día después de que salieran a la luz ataques coordinados lanzados contra el régimen militar por separatistas del norte reunidos en el Frente de Liberación de Azawad (FLA), aliados con yihadistas del Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (GSIM), afiliado a Al-Qaeda, una cara completamente diferente de la asociación ruso-malí, establecida tras la expulsión de las fuerzas francesas y de la ONU del país entre 2022 y 2023.

La FLA lo anunció A acuerdo entre las fuerzas azawadias y elementos del Cuerpo Africano para garantizar su retirada segura” de Kidal. Al menos 400 de ellos fueron evacuados el domingo bajo escolta de la FLA a Tessalit, a unos 300 kilómetros al norte, según un funcionario de la FLA contactado por el mundo. Luego tendrán que abandonar el país por su cuenta, explicó la misma fuente. En las redes sociales han circulado decenas de vídeos que muestran la evacuación de hombres del Africa Corps, un nuevo grupo paramilitar ruso en Mali tras la disolución de Wagner, escoltados por combatientes del FLA. Los soldados malienses no tuvieron tanta suerte y permanecieron prisioneros en Kidal.

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