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La ruptura entre Beatrice Venezi y el Teatro La Fenice se está convirtiendo en un asunto mucho más amplio que una divergencia contractual normal. En el fondo no está sólo el despido de un puesto, sino una mezcla de derecho laboral, imagen pública, relaciones políticas y tensiones internas en el teatro Serenissima. También porque queda por comprender cómo se pueden recomponer las relaciones, recientemente puestas a prueba, entre los trabajadores y la superintendencia, a la luz del cambio de línea que llevó al superintendente Nicola Colabianchi desde una fase de apoyo convencido a Venezi – que generó fricciones internas – hasta el abrupto cambio final.

Venezi, nombrado en septiembre director musical del teatro veneciano a partir del próximo octubre, se plantearía emprender acciones legales contra la Fundación, que canceló el domingo sus futuras colaboraciones. Según Venezi, la decisión de poner fin a la relación se tomó sin fundamento suficiente y de forma incorrecta, con consecuencias perjudiciales para la profesión y la reputación. Una cuestión de prestigio personal también entra en juego en un entorno donde la reputación importa casi tanto como el talento.

La Fenice se opone a una línea diferente: no habría habido un contrato plenamente efectivo, sino más bien un acuerdo preliminar que nunca se completó en las etapas formales necesarias. Si esta reconstrucción se mantiene, la disputa pasaría del ámbito del despido al ámbito más matizado pero no menos insidioso de las negociaciones interrumpidas. Además, la carta de despido fue entregada el 23 de abril en Lugano, donde el artista tiene su residencia fiscal. Un enfoque que también podría ser relevante en términos de jurisdicción y posibles competencias territoriales.

Mientras tanto, el director Nicola Colabianchi se solidarizó con los empleados del teatro, quienes fueron criticados en las redes sociales personales y

teatro con insultos y amenazas. Aclaró además que la decisión de cancelar las colaboraciones con Venezi se tomó de forma independiente, a pesar del apoyo posterior del Ministro de Cultura, Alessandro Giuli.

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