Es una emoción que muchos no han olvidado: una decena de activistas abren, leen, clasifican, clasifican y responden miles de cartas y correos electrónicos. A medida que se acercaban las elecciones presidenciales de 2017, el departamento de correo de la campaña de François Fillon estaba activo, casi las 24 horas del día, respondiendo a todas las solicitudes. Nueve años después, ¡todo parece prehistórico!
En la era de la inteligencia artificial, escanear los correos electrónicos y escribir respuestas, con un tema adaptado a cada interlocutor, se hace a través del ordenador. Juego de niños. En las caballerizas presidenciales sabemos bien que no debemos quedarnos atrás tecnológicamente. Hasta el punto de que la campaña digital ocupa la tercera partida de gasto en el establo del cuasi candidato Gabriel Attal, detrás de nóminas y eventos.