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Es una herramienta que perturba nuestra vida diaria. Le delegamos cada vez más tareas, le confiamos nuestros problemas, a veces nuestros estados de ánimo. La inteligencia artificial generativa (GAI) está cambiando profundamente el mercado laboral. Arte también. Una innovación cuyas consecuencias dañinas subestimamos, dice el escritor Abel Quentin, de 41 años, en “Santuarios” (Ed. Observatoire, 368 páginas, 22 euros), un relato instructivo y cortante en el que invoca la creación de lugares y acontecimientos 100% humanos.

El autor de “Voyant d’Étampes”, una impactante novela adaptada pronto al cine por Laurent Lafitte, abogado de formación, construyó su folleto como una acusación. Mientras que su libro anterior, “Cabin”, contaba la historia de los científicos que profetizaron la devastación ecológica en curso en 1972, Abel Quentin lo proclama: con la IAG “es otra vez 1972”. «Todavía podemos actuar, estamos en un momento histórico en el que el coste de la desintoxicación sería el menos significativo… Pero volvemos a cometer los mismos errores.»

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